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Mostrando entradas de octubre, 2011

Mariana

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La rana Mariana es así de pequeña, con ojos así de grandes y es de color lavanda, excepto un lunar amarillo justo entre sus enormes ojos.


Vive Mariana en una laguna de cuyo nombre no tengo idea ninguna. Y duerme la rana dentro de una rosada flor de nenúfar.


Mariana es elegante y refinada, presumida y avispada. Soñadora y alocada, divertida y trastocada... y está perdidamente enamorada del rano Cayetano que se acaba de mudar a la  laguna de cuyo nombre no tengo idea ninguna.


Es Cayetano un rano sano y galano. Gran deportista y genial equilibrista. Anda siempre muy ufano... y está convencido de que es un apuesto príncipe a quien una malvada bruja ha transformado en un rano lozano.
Sale Mariana a pasear cada mañana con sombrilla, sombrero, guantes y monedero. Y cada mañana, pasito a pasito, muy despacito, sin prisa ninguna, rodea la laguna para ir a visitar al rano Cayetano antes de la hora de almorzar.




Dedica Mariana un ratito a escuchar al joven rano que le cuenta sus penas mientras le toma…

Pedrito Pablito

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Este cuento fue escrito para el blog CON UN POCO DE TI  dedicado a la lucha contra la leucemia.




Pedrito Pablito era un niño miedoso... bastante miedoso...  muy miedoso.  Pedrito Pablito era, seamos claros, “un cobarde, gallina, capitán de las sardinas” de tomo y lomo. Pedrito Pablito no se atrevía a ponerse de pie en los columpios por miedo a caerse, ni a trepar a los árboles por miedo al suelo, quiero decir, por miedo a darse un golpe contra el suelo. Tampoco hacía equilibrios sobre los muros por temor a romperse la nariz. Y así un montón de cosas...

A Pedrito Pablito no le gustaba nada, nadita ser así de miedoso. No señor, en realidad, a Pedrito Pablito le encantaría ser como el famoso héroe de sus historias favoritas: el pirata Malapata, con parche en el ojo y cara de batata, el pirata más valiente de los siete mares, unos cuantos ríos navegables y varios grandes lagos. Pero por mucho que lo intentara y por mucho que lo deseara, Pedrito Pablito seguía siendo un gallina.

Un día Pedrit…