Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2013

Nada es lo que parece V

Imagen
Ilustraciones de Eliz Segoviano.




CAPÍTULO QUINTO



Al cabo de un rato Ayla se percató de que el camino la llevaba directamente hacia un bosque de aspecto sombrío, que parecía esconder en su interior cosas bastante desagradables.
-¿No se podría rodear ese bosque en lugar de atravesarlo? -preguntó Ayla al Aire.
-No -respondió el Aire en su oído derecho.
-¿Y hay cosas muy feas ahí dentro? -volvió a preguntar Ayla al Aire.
-Sí -volvió a contestar el Aire en su oído izquierdo.

Nada es lo que parece IV

Imagen
Si aún seguís visitándome (¿hay alguien ahí?) y os apetece (y tenéis tiempo), podéis pasar por el blog de Eliz Segoviano -autora de las ilustraciones del cuento- y leer la entrevista que me ha hecho, sólo tenéis que hacer clic AQUÍ :D.

Y ahora os dejo con Ayla y sus aventuras...




CAPÍTULO CUARTO





Ayla oyó unas pesadas pisadas a su espalda y cuando se giró para ver de donde procedían... ¡PLAAAFFF! Sobre ella cayó una tromba de agua helada, con tanta fuerza, que -otra vez- volvió a quedarse sentada en el suelo y con cara de tonta.
-¡Esto ya se está volviendo una costumbre muy poco divertida! -se lamentó poniéndose de pie más empapada que antes aunque, eso sí, sin pizca de tomate.
¿Quién la habría mojado de semejante manera?, pensaba mientras trataba de escurrir algo del agua que caía de su ropa y su pelo. Y al girarse vio que, frente a ella, se detenían dos patas tan gruesas como troncos, y al levantar la cabeza -muy lentamente-, descubrió que dichas patas estaban unidas a una enorme cabeza.…

Nada es lo que parece III

Imagen
Ilustraciones de Eliz Segoviano.




CAPÍTULO TERCERO




Aquel camino rojo era tan ancho como una autopista aunque por él no pasaban ni coches, ni carros, ni caballos, ni caracoles, ni nada -bueno, nada sí que pasaba, la verdad es que había un porrón de nada pasando-. Y sin embargo, a pesar de no haber tráfico alguno, a alguien -vete a saber a quién- se le había ocurrido pintar en el suelo un paso de cebra. Y hacia allí se dirigió dispuesta a cruzar, tal y como le habían enseñado en casa y en el cole. Pero justo cuando iba a poner el pie en la primera de las gruesas líneas blancas apareció -vete tú a saber de dónde- una cebra vestida con uniforme de color azul, que la paró y, con cara de pocos amigos y voz de pito, le dijo: -¡Alto ahí! ¡Por aquí no puedes pasar! -¿Cómo que no? ¿No es esto un paso de cebra? -preguntó Ayla, un poco sorprendida y otro poco enfadada. -Efectivamente, eso es: un paso de cebra... y por eso no puedes pasar. Ayla frunció el ceño, miró fijamente a la cebra, abrió la boca, cer…