sábado, 15 de junio de 2013

(Concurso CuentosVeo) La nuez de Vainilla


La ardilla Vainilla una nuez empujaba. Un paso, dos pasos, ya casi estaba.
Pero tropezó y la nuez.... ¡PATAPLAF, PATAPLOF! Hasta el suelo cayó.
Vainilla, la ardilla, tras la nuez corrió. Miró, olisqueó, giró, y en una topera colarse la vio.
La ardilla Vainilla en la topera tras la nuez entró.
-¡Buenos días, señor topo!
-¡Buenas! -contestó él y justo en ese momento en su cabeza rebotó la nuez y del agujero salió.
Vainilla, preocupada, tras ella corrió y la nuez, rueda que rueda, en el río hizo ¡CHOFF!

Una trucha flacucha que por allí pasaba, abrió la bocaza para bostezar y se la tragó.
La pobre trucha casi se ahoga pero un esturión que todo lo vio, le soltó un sopapo y la nuez volando salió.
La nuez subió alto, muy alto, tan alto llegó que le dio a un azor que cazaba un ratón y lo derribó.
-¡Gracias! -dijo el ratón a Vainilla.
-¡De nada! -Vainilla respondió, y siguió tras la nuez que rodando, rodando, hasta el pie de un árbol llegó.
-¡Ya eres mía! -gritó.


Pero entonces llegó un tejón y la nuez se zampó.
La pobre Vainilla se sentó agotada. ¡Tantísimo trabajo para nada!
Y en ese momento ¡CATACLOC!, sobre su cabeza una nuez cayó y al cabo de un rato, cayeron otras dos.
-¿Qué es eso? -dijo Vainilla- ¿Qué es lo que veo? -la ardilla exclamó.
¡Qué maravilla! ¡Aquel enorme árbol era un nogal!
Vainilla por él trepó, un montón de nueces zampó y tanto le gustó que allí a vivir se quedó... ¡CHIMPÓN!
 

viernes, 7 de junio de 2013

Mi mamá es una bruja



Mi mamá es bruja. Una bruja sin arrugas, sin narizota y con botas, pero bruja, bruja, requetebruja.
Mi mamá tiene un enorme sombrero puntiagudo, pero no lo usa porque dice que le queda fatal y que para volar en escoba mejor usar casco, por si los coscorrones y tal.
En la cocina, junto al microondas, guarda una olla muy gorda donde prepara pociones con ojos de escorpiones y alas de mosquito, y una sopa muy rica cuando estoy malito.
Mi mamá es bruja rebruja, una bruja de las de verdad verdadera,


Eso les dije hoy a mis amigos y ninguno se sorprendió.
Adriana dijo:
-¡Vaya cosa! Mi mamá también es bruja y todas las noches asusta a los monstruos que se esconden en mi armario.
Mario dijo:
-¡Bah!  Mi mamá me cura todas, pero todas las heridas con un beso.
Lucía dijo:
-Mi mamá, en un pispas, transforma papeles en muñecas.
Daniel dijo:
-Pues la mía sabe cómo encontrar todo, absolutamente todo, lo que se pierde.

Yo bufé y rebufé. Eso no podía ser:
-¡Que no, que mi mamá es bruja pituja y rebruja, con varita y gato granuja!
Pero mis amigos seguían dale que dale, que si mi mamá hace esto, que si mi mamá hace lo otro.
Yo entonces me callé y pensé, repensé y seguí pensando. Y tras mucho pensar dije:
-Entonces, ¿es que todas las mamás son brujas?
-¡Claro! -dijeron todos mis amigos.
Y yo volví a pensar otro rato. Y cuando pasó ese rato dije:
-Bueno, si vosotros lo decís... ¡Pero de todas las brujas mamás mi mamá es la más especial!


sábado, 1 de junio de 2013

Boo y Ties

Aquel par de botas habían sido hechas para andar por campos y montañas, de acá para allá, de un lado para otro, para arriba y para abajo, pero habían tenido la mala suerte de haber sido compradas por un señor que nunca salía de su barrio.
Boo y Ties -que así se llamaban- querían viajar, ver cosas nuevas, respirar el aire fresco, helarse de frío, achicharrarse de calor y, sobre todo, conocer mundo, mucho mundo y allí encerradas, se estaban poniendo cada vez más mustias y tristes.
Cierto día alguien dejó la puerta del armario abierta.
Boo y Ties miraron aquella puerta y se miraron entre ellas, volvieron a mirar la puerta y volvieron a mirarse, y así varias veces, hasta que, pasito a pasito, con mucho cuidado, comenzaron a avanzar.

Llegaron hasta la puerta y ahí se quedaron, bajo el perchero, quietecitas y asustadas. La puerta estaba cerrada. Boo y Ties permanecieron pegaditas a la pared, mirando fijamente la puerta, sin saber qué hacer. Entonces la puerta se abrió y las botas salieron corriendo por ella, tan deprisa, que se pisaron los cordones la una a la otra y acabaron rodando escaleras abajo hasta la calle.
Y allí se quedaron. Atontadas, pasmadas y asustadas.
Tras varias horas de estar allí, sin que se atrevieran a moverse, alguien las cogió,  las miró, las remiró y decidió quedárselas. Era un agricultor con el que vivieron bastante contentas hasta que descubrieron que con él no iban a ver nada más que el pueblo y el campo que labraba. Luego las encontró el guarda de una finca cercana con el que ocurrió más o menos lo mismo. Tras eso fueron a parar a los pies de un excursionista que hacía pocas excursiones, a los de un chico que las usaba para jugar al fútbol y a los de un señor mayor que sólo se las ponía para ir a comprar el pan y el periódico...
 Después de su última fuga Boo y Ties, viejas y estropeadas, acabaron en un contenedor de basura. Las botas se sentían tristes y cansadas, y allí esperaron, acurrucadas en aquel lugar oscuro y apestoso, a que llegara el camión y las llevara al vertedero.
Pasado un largo rato se alzó la tapa del contenedor dejando entrar la luz del sol, el aire fresco y una mano que, tras revolver un poco, topó con Boo y Ties. La mano las sacó del contenedor, las bajó hasta sus pies y, con una gran sonrisa de felicidad se las puso y echó a andar con ellas.
Una hora más tarde aún seguía andando.
Y siguió andando día tras día, visitando nuevos lugares, pueblos, ciudades y países.
Boo y Ties, por fin, fueron felices.




sábado, 25 de mayo de 2013

Los trabajos del mono remono


El mono Remono se aburría mucho todo el día subido a un árbol.
-¿Y si trabajaras? -le dijo su madre la mona Remona.
Al mono Remono no le pareció mala idea, así que se bajó del árbol y fue en busca de trabajo.
-Podría ser peluquero -pensó Remono.
Y tal como lo pensó, lo hizo.
Su primer cliente fue Simón el león, que quería arreglarse la melena.
Remono cortó y cortó y cortó tanto que acabó dejando al león sin melena.
Simón se enfureció, rugió, gruñó y persiguió a Remono que se salvó por los pelos de ser zampado.

-Quizás debería probar como pintor -pensó Remono.
Y tal como lo pensó, lo hizo.
Su primer cliente fue Cirilo el cocodrilo que quería pintar su casa.
Remono pintó y pintó y pintó: las paredes, el techo, el suelo, las sillas, las mesas, los armarios...
Cirilo se enfureció, gruñó y poco le faltó para zamparse a Remono de un bocado.


-¿Y si fuera sastre? -pensó Remono.
Y tal como lo preguntó, lo hizo.
Su primer cliente fue Atila el gorila que quería un traje para una boda.
Remono cosió y cosió y cosió hasta acabar el traje: con una pata más larga que la  otra, con las mangas cosidas y sin ojales.
Atila gruñó y rugió y persiguió a Remono que corrió y corrió hasta llegar a casa.
Cansado, agotado y agitado, Remono dijo a su madre:
-Esto de trabajar es muy peligroso, mejor me quedo en casa.



sábado, 18 de mayo de 2013

Los deberes



-¡Deberes! ¡Menudo rollo! -dice Pablo con cara de mucho asco mientras pone sobre la mesa libros, cuadernos y estuche -¡Con lo que me apetecía bajar hoy al parque!
Pablo da un suspiro enormísimo y coge el libro de mates.
-Pirámides -lee-. Son poliedros. Tienen una sola base con forma de polígono (que puede ser un triángulo, un cuadrilátero, un pentágono, ….).
El niño bosteza y vuelve a leer:
-Pirámides. Son poliedros. Tienen una sola base con forma de polígono (que puede ser un triángulo, un cuadrilátero, un pentágono, ….).
Nada, no se ha enterado de nada. Pablo lee de nuevo: 


-Pirámides... Pirámides... Pirámides... -. De pronto la silla en la que está sentado se transforma en un altísimo camello y, frente a Pablo, en lugar de su escritorio y el poster de su equipo favorito de fútbol, se extiende un ardiente desierto.
Pablo Jones, la cabeza cubierta por un ajado sombrero y armado sólo con un látigo, se dirige hacia una gigantesca pirámide cuyos tesoros corren peligro por culpa de unos malvados criminales.
Y entonces una voz femenina comienza a llamarlo:
-¡Pablo! ¡Pablo! -El gran aventurero se prepara para rescatar a la chica en apuros-. ¡Pablo! ¡Pablo!
Una mano se posa sobre su hombro y Pablo se sobresalta.
-Pablo, hijo, que estás en babia.
Vaya, no era ninguna chica en apuros sino su madre para que siguiera estudiando.


Pablo mira al libro de mates y decide dejarlo para más tarde.
-Mejor pruebo con cono que me gusta más.
Abre el libro y comienza a leer:
-Una galaxia está compuesta de estrellas, planetas, satélites, cometas, gases y polvo cósmico, que forman un conjunto en el espacio.
Y Pablo deja de ser Pablo para convertirse en un comandante a bordo de una gigantesca nave espacial rumbo a lejanas galaxias, saltando de estrella en estrella, acosado por piratas espaciales y luchando con monstruos de lejanos mundos. El comandante Pablo es el más valiente de todos los comandantes de las Tropas Intergalácticas y ha explorado más de mil mundos, salvado media docena de planetas y conocido cientos de razas alienígenas.
El viaje estelar de Pablo se ve interrumpido -nuevamente- por la voz de su madre que le trae una taza de chocolate y lo saca de su ensimismamiento.
-¡Pablo, hijo, los deberes!

Pablo vuelve a intentar acabar con los deberes pero no hay forma, en cuanto se pone a ello la imaginación se le va y Pablo se vuelve pirata en un mar de comas y lucha con tildes contra hiatos y diptongos. Habla un perfecto inglés mientras cabalga sobre su “horse” en el “far west” o se comunica en perfecto francés con un espía mientras come “croissants” y “baguettes” en París. Escala tetraedros, se desliza por octaedros, esquiva decimales, visita satélites, explora intestinos... Aquella tarde Pablo hace de todo... menos los deberes.
Llega la hora de dormir y Pablo no ha terminado ni la mitad, ni la cuarta parte, ni tan siquiera la sexta parte. Sabe que al día siguiente le va a caer una bronca tremenda del profesor y luego otra de sus padres pero...
Armado hasta los dientes el fabuloso pirata Pablo Sparrow, salta a bordo de su fabuloso barco y se hace a un mar poblado de acentos y triptongos, para explorar islas llenas de quebrados y luchar contra monstruosas divisiones y perversas multiplicaciones dejándose guiar por los fabulosos astros que brillan, lejanos, sobre su cabeza...


sábado, 11 de mayo de 2013

Garabato y la oscuridad



Al gato Garabato -que duerme en un zapato- la oscuridad le da muchísimo miedo. Cada noche, al meterse en su zapato, se tapa bien tapado, se encoge bien encogido y no abre los ojos... por si acaso.
-¡Esto tiene que acabar! -dice un día Garabato- Esta misma noche me voy a investigar qué se esconde en la oscuridad. Dicen que no hay nada. Veremos si es verdad.
Esa misma noche, a la hora de dormir, sale Garabato de su zapato y comienza a investigar.

Nada más empezar.... ¡Uuuuuhhh! Un fantasma vuela justo ante sus narices y del susto, se queda parado... Hasta que se da cuenta de que aquello que le hacía cosquillas en la nariz no era un fantasma sino una cortina.
-¡Seré tontorrón!
El paseo continúa con más tranquilidad hasta que, de pronto... ¡Zas! Garabato tropieza contra un enorme monstruo lleno de brazos y del susto, se queda parado... Hasta que, tras mirar con un solo ojo, descubre que aquello tan grande no es un gigante sino un perchero.
-¡Seré cobardón!

A continuación Garabato confunde una silla con un horror de señor, una planta con una bruja piruja, la pecera con un extraterrestre sin dientes, el reloj del microondas con un diablillo de ojillos amarillos.
Así, recorriendo toda la casa, Garabato descubre que los monstruos que veía y oía en la oscuridad no existían más que en su imaginación y se da cuenta de que, por oscuro que esté, no hay nada que temer.




 

sábado, 4 de mayo de 2013

Mi abuelo




Mi abuelo hace unas cosas tan raras, tan raras, que no parece un abuelo.
Mi abuelo va a todas partes en bicicleta. Una bicicleta roja que, en lugar de timbre, lleva una enorme bocina color verde.
Mi abuelo, todas las tardes, se pone su chándal amarillo y sale a correr. Yo a veces lo acompaño y jugamos a echar carreras.
Algunas tardes de lluvia mi abuelo dice, me voy a  esconder, y nos tiene toda la tarde busca que te busca. Una vez se escondió en el desván, tras un armario viejo, y se quedó dormido como un tronco. Menos mal que ronca muy fuerte y lo pudimos encontrar porque ni se nos había ocurrido mirar en un sitio tan estrecho.


Mi abuelo hace unas cosas muy raras, tan raras, que no parece un abuelo.
Cuando me acompaña al parque, mi abuelo se sube a los columpios, se lanza por el tobogán y, si jugamos al fútbol, se pone siempre de portero.
Si vamos a la piscina, mi abuelo se pone un traje de baño lleno de colorines, unas aletas de hombre rana y, antes de meterse en el agua, nos hace el “baile del pato”. Luego me coge de la mano y nos vamos a nadar juntos.
Mi abuelo no me lee cuentos, se los inventa.
Mi abuelo se levanta silbando y se acuesta cantando. Sabe hacer magia y cometas. Le gustan las chuches y los pasteles, y hasta sabe hacer pasteles de chuches. Mi abuelo se viste siempre de colores y se pasa el día bailando, riendo y jugando. 

Está muy loco mi abuelo...
Hubo un tiempo en que me daba mucha vergüenza que mi abuelo fuera tan raro, pero cuando vi lo serios y aburridos que son los otros abuelos y lo mucho que mis amigos se reían con mi abuelo, me sentí muy contento y muy orgulloso.
Mi abuelo hace unas cosas tan raras, tan raras, que no parece un abuelo.
Por eso yo, de mayor, quiero ser tan raro como mi abuelo...


 

Halloween

  La brujita fantasmita no da miedo, ni miajita.