sábado, 31 de octubre de 2026

El gran desfile de Halloween

 

Es la noche, la gran noche,

la noche de Halloween,

la noche en que los monstruos

al fin pueden salir.


Es su noche, la gran noche,

la gran noche de festejar,

la noche en que los monstruos

salen a desfilar.


Primero llegan volando

brujas y brujos, girando

y haciendo cabriolas

sobre aspiradores y escobas.


Tras ellos, negros, muy negros,

llegan cuervos y murciélagos,

graznando, aleteando

y el cielo entero tapando.


Y aquí llegan los fantasmas

transparentes o con sábanas,

cien cadenas arrastrando

y sobre el suelo flotando.


Tras ellos con mil gruñidos

y unos doscientos aullidos,

los hombres lobos se acercan

marchando muy decididos.


En una tormenta de arena

llegan las momias, serenas,

en sus vendas bien envueltas,

sonrientes y resueltas.


Cocleando y claqueando

los esqueletos van llegando,

los huesos entrechocando,

muy elegantes bailando.


Refinados y estilosos

llegan los vampiros, garbosos,

atractivos y graciosos,

presumidos y orgullosos.


Renqueando y cojeando

los zombis van desfilando,

a voz en grito cantando

y, alguno, hasta bailando.


Entre gritos y gruñidos,

entre el calor y el fuego,

los demonios dando aullidos,

llegan saltando y rugiendo

y creyendo que dan miedo.


De armarios y de alacenas,

de roperos y vaseras,

vienen monstruos a docenas.

De debajo de las camas,

de desvanes y despensas,

salen monstruos a centenas.


Y con ellos acabamos,

el desfile terminamos,

con fuegos artificiales,

con música, con timbales

y bailes espectaculares.


Porque es la noche, la gran noche,

la noche de Halloween,

la noche en que los monstruos

al fin pueden salir.


Es su noche, la gran noche,

la gran noche de festejar,

la noche en que los monstruos

salen a desfilar.





viernes, 30 de octubre de 2026

Don Agapito y don Benito

 

Cojeando despacito,

andando medio de lado,

un zombi preocupadito

buscaba por todos lados

algo que había perdido.


No ha perdido la cartera,

ni las llaves, ni un zapato,

ni los guantes, ni un abrigo,

ni siquiera una tetera.


¿Qué es lo que habrá perdido?


Otro zombi que lo vio,

se acercó y le preguntó:

—¿Qué busca usted, don Benito?

—Pues algo que he perdido.

—Eso ya lo imagino...

¿Pero qué es eso que ha perdido?

—Pues verá usted, don Agapito,

no lo tengo muy clarito.


Don Agapito, sorprendido,

miró fijo a don Benito

y, tras meditar un rato,

fue y le dijo despacito:

—¿Y si hacemos un repaso

y vamos pasito a paso,

a ver si descubrimos

lo que puede haber perdido?

Y dijo don Benito

muy delicadamente:

—Es una idea excelente,

estoy harto de buscar inútilmente.

Empecemos rápidamente.


Y empezó don Agapito:

—Dígame usted, don Benito,

¿cómo andamos de cabello?

Me parece que le falta algo de ello.

—Huy, qué va, eso no es,

ese pelo lo perdí 

hace lo menos un mes.


—Ah, muy bien,

sigamos pues.

Veo que aquí, a la izquierda,

parece faltar una oreja,

—Quédese usted tranquilo,

que esa se me cayó

hace ya año y pico.


—La nariz está en su sitio

y la lengua en su lugar,

¿quizás perdió algún diente,

un molar, algún colmillo?

—No es eso, ya se lo digo,

que me faltan es seguro,

pero los perdí hace

por lo menos un siglo.


—Pues no sé qué puede ser,

tiene usted ojos y orejas,

tiene pelo y tiene dientes,

dos brazos y dos piernas...

¿Se ha contado usted los dedos?


Don Benito los contó

con paciencia y atención.

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco...

Y siguió con la revisión.

—A ver, hasta veinte no llego,

pero es que este meñique 

tiene la costumbre de irse

y el anular izquierdo

lo perdí estando en Toledo.


—Pues verá usted, don Benito

que ando un poco perdido,

revisamos y revisamos 

y todo parece en su sitio.

¿Quizás sea algo de adentro:

corazón, hígado, páncreas

estómago o intestino?


El corazón, aunque parado,

ahí lo tengo, en este lado,

el hígado se me cayó

hace ya un mes o dos.

En fin, don Agapito,

que lo que no está en su lugar,

lo perdí hace un tiempito.


Miró don Agapito,

fijamente a don Benito:

—¿Está usted seguro

de haber perdido algo suyo?


Y miró don Benito

fijamente a don Agapito:

—Pues si le soy sincero,

eso creía, pero...

igual no he perdido nada.


Sonrió don Agapito

y sonrió don Benito,

y se fueron ambos juntitos,

cojeando despacito.





jueves, 29 de octubre de 2026

Robustiana (2 días para Halloween)

 

 —Ñi, ñi, ñi... —dice Robustiana,

meciéndose en su mecedora

con muy poca gana.

—Ñi, ñi, ñi...

—Que soy muy seria,

dice Teodora...

—Ñi, ñi, ñi...

—Que soy muy sosa,

dice Sinforosa.

—Ñi, ñi, ñi...

-Y me suelta Ignacia

que no tengo gracia.

—Ñi, ñi, ñi...

—¿Y no va Ramona

y me llama gruñona?

Toma su café Robustiana,

y sigue rumiando,

con bastantes ganas.

—Y voy yo y compro 

unos calcetines,

los que llevo puestos,

con muchos colorines.

Para que vean

que cuando quiero,

soy tan alegre

como un sonajero.

¿Y qué es lo que hacen 

las muy tontorronas,

las muy criticonas

y las muy respondonas?

Mirar mis calcetines,

los de mil colorines,

mirarme a la cara

y reír a carcajadas.

¿Pues sabéis qué os digo?

Que me importa un higo.

—Ñi, ñi, ñi... —dice Robustiana,

meciéndose en su mecedora

con muy poca gana.

miércoles, 28 de octubre de 2026

El monstruo del lago (3 días para Halloween)

 

El monstruo del lago

que es muy despistado

olvidó que estuvo con Marieta

jugando a las marionetas.

Cuando acabó la historieta,

el monstruo se despidió

y a casa regresó

en casi nada pensando;

de pronto notó un picor

en la cola y le pareció extraño,

y al volverse para mirar

se dio un susto sin igual

al ver la marioneta colgando,

pues no se la había quitado.




martes, 27 de octubre de 2026

El monstruito tímido (4 días para Halloween)

 

Hay un monstruo bajo mi cama,

que no da miedo, 

ni mucho, ni poco, ni nada.

Que se esconde muy quedo,

siempre muy quieto,

sin que nadie escuche nada,

sin a nadie molestar.

Y es que el pobre es tan tímido,

que ni intenta asustar,

y es tan retraído,

que  no quiere ni hablar.

Allá abajo juega tranquilo,

con mis juguetes perdidos,

con pelusas y botones descosidos.

Cuando al llegar la noche,

mamá me mete en la cama,

me arropa, se ríe y me canta,

el monstruito escucha y calla.

Y al quedarnos los dos solos,

bajito y quedito me llama,

yo me bajo de la cama

y me arrastro en pijama,

hasta quedarme a su lado.

Allí los dos tranquilitos,

charlamos muy bajito,

nos reímos un poquito,

y jugamos un ratito.

Cuando llegan los bostezos,

nos damos las buenas noches,

él se acurruca satisfecho

y yo vuelvo a mi lecho,

con mil bostezos lentos.

los dos felices y contentos.

El monstruo bajo mi cama

no da miedo,

ni mucho, ni poco ni nada,

es mi amigo,  mi compañero,

y no lo cambio por nada.




El gran desfile de Halloween

  Es la noche, la gran noche, la noche de Halloween, la noche en que los monstruos al fin pueden salir. Es su noche, la gran noche, la gran ...