Nunca volveré a invitar
a don Monstruo Zampabollos.
Ha empezado a zampar
y se lo ha comido todo:
los cubiertos, mis juguetes,
un insecto despistado,
diez calcetines, tres muelles
y hasta un par de candados.
Nunca volveré a invitar
a don Monstruo Zampabollos.
Ha empezado a zampar
y se lo ha comido todo:
los cubiertos, mis juguetes,
un insecto despistado,
diez calcetines, tres muelles
y hasta un par de candados.
¿Os gusta mi margarita?
No sé cómo llegó hasta aquí.
Podía haberla quitado
eso me dijo Mimí,
pero es tan bonita,
estoy tan encantado,
que preferí cuidarla.
Todo monstruo que se precie
se debe a diario duchar,
y lavarse bien los dientes,
no se te vaya a olvidar,
que una cosa es dar miedo
y otra ser un guarrete.
En la noche de brujas,
en la casa de la colina,
tres fantasmas
se esconden en las esquinas.
Tienen miedo, mucho miedo,
tienen pavor y terror,
tienen más miedo que tú y que yo.
Hoy los niños andan sueltos,
disfrazados y revueltos.
Ruidosos y peligrosos,
gritones y molestones.
Si los llegan a encontrar
la que se iba a liar,
con sus risas, con sus bromas,
con sus gritos, con sus cosas.
Por eso los tres fantasmas,
en la casa de la colina,
se esconden por las esquinas
en esta noche de brujas.
Algo se arrastra.
Algo se sacude y se menea.
¿Algo llora y berrea?
Con mucho cuidado,
y con mucho miedo,
me pongo boca abajo,
y miro con temor.
¿Qué es eso ahí abajo?
¡Un monstruo!
Un monstruo enano.
Un mini monstruo.
Un monstruo retaco.
Bajocde la cama,
me siento a su lado
y le pregunto si le ocurre algo.
Me dicebque está triste,
triste y apagado
porque es tan pequeño,
tan enclenque y enano,
que no da ningún miedo.
Que los demás monstruos,
de él se burlaban.
Y ninguno de ellos a él se acercaba.
¡Pobre monstruito!
¡Qué pena me dio!
Le doy un gran abrazo,
un abrazo enorme.
—A partir de ahora —
digo al monstruito.
—Yo seré tu amigo,
por siempre jamás.
El pequeño monstruo,
sonríe encantado.
Y se va feliz,
feliz y animado.
Y yo me vuelvo a mi cama,
feliz y cansado.
Dentro de mi armario
he encontrado un monstruo.
‒¿Mami, me lo puedo quedar?
Vendrá al colegio conmigo
y en el recreo jugaremos juntos,
Será muy divertido,
la mar de entretenido.
‒¿Mami, me lo puedo quedar?
Le he prestado un juguete,
mi preferido
y le he puesto el collar
el de mi perrito,
aquel que se perdió,
aquel tan lindo.
‒¿Mami, me lo puedo quedar?
Es un monstruo bueno,
quiere ser mi amigo,
es un poco memo,
pero yo lo cuido.
‒¿Mami, me lo puedo quedar?
Le da miedo el armario,
porque está muy oscuro
y está muy solito.
No hace daño ni a los mosquitos.
Mami, mami, por fa, ¿me lo puedo quedar?
Los monstruos de mi habitación
no dan nadita de miedo.
Son amables, cariñosos,
simpáticos y miedosos.
A la hora de dormir
se reúnen en mi cama,
para que les lea un cuento
de los que dan mucho miedo
que ellos escuchan atentos
y asustados, por supuesto.
Luego se meten bajo mi manta,
se acurrucan muy, muy pegados,
y nos quedamos todod dormidos
soñando con monstruos malos.