domingo, 18 de marzo de 2018

RASSS… SHHH… SHHH… RASSS…


Esta noche hay  tormenta, y no brilla la luna
yo no me puedo dormir y ya es casi la una.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss...
Se oyen roces bajo mi cama.
—¡Qué bien, un monstruo me viene a asustar!
Me alegro y aplaudo a rabiar.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss...
Una enorme cola llena de escamas,
golpea y se agita en la oscuridad.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Unas largas garras, de uñas muy negras,
suben muy despacio por mi manta nueva.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss...
—¡Ayayay, qué miedo! ¡Menudo canguelo!

Digo, y me subo la manta hasta los hoyuelos.

Ahí viene, ahí llega,
ya asoma la enorme cabeza.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss...
Unos ojos muy grandes me miran con sorpresa
y tras ella aparece un hocico lleno de pelos.
Y bajo el hocico un bigote,
un bigotito de nada, de tamaño caramelo
un mostacho tan ridículo, tan minúsculo y estúpido
que me entra la risa quiera o no quiera.
El monstruo me mira muy serio:
—¿Por qué te ríes? ¿Por qué no tiemblas?
¿Por qué no lloras ni te lamentas?
—Perdone usted señor don monstruo,
pero no lo puedo evitar,
creí que iba  a asustarme mucho
y a pasar mucho miedo.
pero al ver su bigote
me entra la risa y no puedo parar.

El monstruo, muy ofendido,
lanza un rugido feroz,
de esos que quitan el hipo,
pero ni con esas me olvido
de un bigote tan atroz.
Así que enfadado y molesto
el monstruo se va
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Me quedo en la cama mirando al techo,
el pobre monstruo se lo tomó muy a pecho.
Si se hubiera quedado sólo un ratito,
seguro que ahora seríamos amigos.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
¿Qué es eso que oigo? ¿Otro monstruo quizás?
Seguro que con este sí me voy a asustar.

—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Oigo resoplidos, jadeos, bufidos…
Algo tira de mi manta.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
—¡Ayayay, qué miedo! ¡Menudo canguelo!
Digo, y me tapo hasta los hoyuelos.
Sigo esperando pero nada aparece,
nasa se asoma,  nada se ve,
o este monstruo es invisible o vete tú a saber.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
De pronto una garra se posa en el colchón,
con un arf y con un ¡plof!
Y tras ella jadeando y sudando
un monstruo no más grande que yo.
Con sus cuernos, y sus dientes
y sus uñas sucias.

Con sus pelos y su cola
y su mal aliento.
Pero pequeño, pequeño,
tamaño llavero.
—Perdone usted, don Monstruo, pero no da miedo.
—¿Nada? ¿Ni un poquito?
—Nada, lo siento.
—Eso me pasa por ser tan pequeño.
Dando un suspiro el pequeño monstruo
se lanza hasta el suelo
y rueda que te rueda
bajo mi cama se mete de nuevo.
Ahora que se ha ido, me río y me río.
Pobre monstruito tan pequeñito
lo que le costó subir hasta aquí
para que enseguida se tuviera que ir.

—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Vaya, vaya, vaya, otro monstruo llega
aunque ya me empieza a dar mucha pereza.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Mi cama se separa del suelo,
lo que esté debajo debe ser enorme,
la cama se mueve,
menudo mareo.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
El monstruo al respirar
me sube y me baja,
como no se pare
me voy a marear.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Noto que mi cama vuelve a su sitio,
contra la ventana una sombra negra
que lo cubre todo, es gigantesca.

—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Este monstruo sí que asusta.
Este monstruo sí me aterra.
Este monstruo igual se queda.
Abre la enorme bocaza,
y menuda dentadura.
Con horribles colmillos,
incisivos y molares
todos ellos amarillos
y más de uno con caries.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Me quedo quieto, muy quieto,
esperando un gran rugido,
de esos que hacen temblar
y hasta te duele el oído.

Con las orejas tapadas,
asustado y encogido,
espero que el monstruo
suelte su gran berrido.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
—Buenas noches, ¿cómo estás?
Me dice una voz de pito,
una voz de niña fina,
un voz que no da miedo,
ni me asusta, ni me espanta.
Me quedo un rato parado,
así como asombrado,
mirando al monstruo más feo,
más grande y más horrendo
que en lugar de un vozarrón
tiene esa vocecita.

Y no lo puedo evitar,
me tengo que carcajear.
Río y río sin parar.
El pobre monstruo se va,
avergonzado y triste,
de verdad que está muy mal,
pero es que no puedo parar.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Pobre monstruo, bien lo siento,
ojalá me pudiera disculpar.
Quizás mañana lo haga,
si me vuelve a visitar.
Pero esta noche ya vale,
de monstruos y de pamemas,
que ya es tarde y mañana tengo que ir a la escuela.

—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Me asomo bajo la cama y digo a la oscuridad:
—Buenas noches, señores monstruos,
siento si les he molestado,
disculpen ustedes mi risa,
intentaré evitarlo.
Mañana si ustedes quieren
podemos volver a intentarlo.
—Rasss… Shhh… Shhh… Rasss…
Se oyen roces y arañazos,
cosas que corren y se escurren,
estos monstruos, en el fondo,
son todos unos buenazos.


sábado, 20 de enero de 2018

Rimas alfabéticas


Foca
Fina refina la foca patina,
fino refino el faisán alucina,
la foca tan fina afila el patín
y el fino faisán afina el violín.
Arregla su falda la foca refina
y su mostacho atusa el fino faisán
Fina refina la foca patina,
fino refino el faisán alucina.






Grillo

El grillo agripado
le grita a la grulla
que vuele a la gruta
y calle el graznido
del grajo agraviado.
El grajo agraviado
tragando su grano
le grita a la grulla
que deje la gruta
y siga su ruta.
La grulla agraciada
y bastante cansada
gravita graciosa
hasta la cascada
y deja que el grillo y el grajo
griten y graznen,
hasta que se cansen.

Hipo

Hipólito Hipopótamo de hipo sufría
y el hipocampo Heriberto de él se reía.
El hipo de Hipólito no se detenía
y Heriberto Hipocampo no lo padecía.
Hipólito Hipopótamo hipaba de día
hipaba de noche
hipaba por la tarde
y hasta a mediodía.
Mientras Heriberto se carcajeaba
tan alto
tan fuerte
tan a mandíbula batiente
que el hipo, curioso, lo miró fijamente
y saltó sobre Heriberto
así, de repente.
Heriberto Hipocampo de hipo sufría
y el hipopótamo Hipólito de él se reía.


Iguana

Mueve la iguana indolente e impaciente
su Iridiscente iris de irisados colores
que irradian irreales resplandores,
irritada porque unos insectos impertinentes
zumban en los alrededores
provocando en la iguana indolente
insomnio inclemente.



jueves, 23 de noviembre de 2017

Amelia Camelia


Amelia Camelia es una niña rara
Lo dice su madre
Lo dice su abuela
Lo dice también su amiga Cordelia.


Amelia Camelia viste cada día de un color distinto,
todo depende de cómo se sienta.
Si esa mañana está muy contenta
de amarillo se viste
de pies a cabeza.
Si por el contrario se levanta triste
de azul será toda su vestimenta.
Negro si tiene miedo, rojo si se enfada,

y marrón si siente pereza.


Amelia Camelia es una niña rara.
Lo dice su madre.
Lo dice su abuela.
Lo dice también su amiga Cordelia.

Amelia Camelia anuda en su pelo
decenas de cintas
de todos los colores
desde el añil profundo
hasta el rojo fuego.
Le gusta que el viento
juegue con ellas,
haciendo que las cintas
floten y bailen como pequeñas cometas.

Amelia Camelia es una niña rara.
Lo dice su madre.
Lo dice su abuela.
Lo dice también su amiga Cordelia.

Los días de lluvia Amelia Cordelia
sale sin paraguas
y sin chubasquero,
ni botas de agua.
Le gusta sentir las gotas que caen,
bailar al son que la lluvia toca,
mojarse la cara
mojarse las manos
empaparse el pelo
y pisar los charcos
grandes y pequeños.


Amelia Camelia es una niña rara.
Lo dice su madre.
Lo dice su abuela.
Lo dice también su amiga Cordelia.

Amelia Camelia pintó en su paraguas
muchas mariposas y algunas flores.
Cuando hace sol,
sale muy contenta,
se tumba en la hierba,
abre el paraguas
y le da mil vueltas,
mirando girar a las mariposas
y a todas las flores.

Amelia Camelia es una niña rara.
Lo dice su madre.
Lo dice su abuela.
Lo dice también su amiga Cordelia.

Amelia Camelia se inventa canciones,
se cuenta historias
de brujas y dragones.
Dibuja a su aire
gallos y leones,
árboles gigantes
y camaleones.

Amelia Camelia es una niña rara.
Lo dice su madre.
Lo dice su abuela.
Lo dice también su amiga Cordelia.
Y aunque todos dicen qué rara es Amelia
todos la quieren por ser como es ella.


Halloween

  La brujita fantasmita no da miedo, ni miajita.