Hoy la malvada reina que, como ya sabréis, es más bruja que reina, fue a visitar a su Espejo Mágico y se llevó una sorpresa que no se esperaba (por eso es una sorpresa, claro). Al colocarse frente a su reflejo y decir lo mismo de siempre (¡qué poca originalidad!), aquello de:
—Espejito, espejito mágico, ¿quién es la más bella de todo el reino y más allá?
Se quedó esperando. Así, como espera ella, toda tiesa y con cara de asco.
Y esperó.
Y volvió a esperar.
Y siguió esperando.
Hasta que se le ocurrió fijarse, porque no sé si sabéis que las reinas se fijan poco en lo que pasa a su alrededor, especialmente las malvadas, bueno, pues a lo que iba, que estuvo esperando hasta que se le ocurrió fijarse y vio algo en el espejo.
Se acercó, se acercó mucho, porque es miope pero no se pone gafas, cogió el papel, se lo pegó a la cara y leyó:
Su malvada majestad, sepa usted que dimito. Me cansé de ser un espejo mágico y he decidido ir a ver mundo que es mucho más divertido. Ya sé que se va a enfadar, pero para cuando eso ocurra yo ya estaré lejos así que a mí... Plim.
P.S.: Hay cientos de chicas en el reino y más allá mucho más bellas que su malvada majestad (si no lo digo, reviento).
