viernes, 30 de octubre de 2026

Don Agapito y don Benito

 

Cojeando despacito,

andando medio de lado,

un zombi preocupadito

buscaba por todos lados

algo que había perdido.


No ha perdido la cartera,

ni las llaves, ni un zapato,

ni los guantes, ni un abrigo,

ni siquiera una tetera.


¿Qué es lo que habrá perdido?


Otro zombi que lo vio,

se acercó y le preguntó:

—¿Qué busca usted, don Benito?

—Pues algo que he perdido.

—Eso ya lo imagino...

¿Pero qué es eso que ha perdido?

—Pues verá usted, don Agapito,

no lo tengo muy clarito.


Don Agapito, sorprendido,

miró fijo a don Benito

y, tras meditar un rato,

fue y le dijo despacito:

—¿Y si hacemos un repaso

y vamos pasito a paso,

a ver si descubrimos

lo que puede haber perdido?

Y dijo don Benito

muy delicadamente:

—Es una idea excelente,

estoy harto de buscar inútilmente.

Empecemos rápidamente.


Y empezó don Agapito:

—Dígame usted, don Benito,

¿cómo andamos de cabello?

Me parece que le falta algo de ello.

—Huy, qué va, eso no es,

ese pelo lo perdí 

hace lo menos un mes.


—Ah, muy bien,

sigamos pues.

Veo que aquí, a la izquierda,

parece faltar una oreja,

—Quédese usted tranquilo,

que esa se me cayó

hace ya año y pico.


—La nariz está en su sitio

y la lengua en su lugar,

¿quizás perdió algún diente,

un molar, algún colmillo?

—No es eso, ya se lo digo,

que me faltan es seguro,

pero los perdí hace

por lo menos un siglo.


—Pues no sé qué puede ser,

tiene usted ojos y orejas,

tiene pelo y tiene dientes,

dos brazos y dos piernas...

¿Se ha contado usted los dedos?


Don Benito los contó

con paciencia y atención.

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco...

Y siguió con la revisión.

—A ver, hasta veinte no llego,

pero es que este meñique 

tiene la costumbre de irse

y el anular izquierdo

lo perdí estando en Toledo.


—Pues verá usted, don Benito

que ando un poco perdido,

revisamos y revisamos 

y todo parece en su sitio.

¿Quizás sea algo de adentro:

corazón, hígado, páncreas

estómago o intestino?


El corazón, aunque parado,

ahí lo tengo, en este lado,

el hígado se me cayó

hace ya un mes o dos.

En fin, don Agapito,

que lo que no está en su lugar,

lo perdí hace un tiempito.


Miró don Agapito,

fijamente a don Benito:

—¿Está usted seguro

de haber perdido algo suyo?


Y miró don Benito

fijamente a don Agapito:

—Pues si le soy sincero,

eso creía, pero...

igual no he perdido nada.


Sonrió don Agapito

y sonrió don Benito,

y se fueron ambos juntitos,

cojeando despacito.





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