Hay un monstruo bajo mi cama,
que no da miedo,
ni mucho, ni poco, ni nada.
Que se esconde muy quedo,
siempre muy quieto,
sin que nadie escuche nada,
sin a nadie molestar.
Y es que el pobre es tan tímido,
que ni intenta asustar,
y es tan retraído,
que no quiere ni hablar.
Allá abajo juega tranquilo,
con mis juguetes perdidos,
con pelusas y botones descosidos.
Cuando al llegar la noche,
mamá me mete en la cama,
me arropa, se ríe y me canta,
el monstruito escucha y calla.
Y al quedarnos los dos solos,
bajito y quedito me llama,
yo me bajo de la cama
y me arrastro en pijama,
hasta quedarme a su lado.
Allí los dos tranquilitos,
charlamos muy bajito,
nos reímos un poquito,
y jugamos un ratito.
Cuando llegan los bostezos,
nos damos las buenas noches,
él se acurruca satisfecho
y yo vuelvo a mi lecho,
con mil bostezos lentos.
los dos felices y contentos.
El monstruo bajo mi cama
no da miedo,
ni mucho, ni poco ni nada,
es mi amigo, mi compañero,
y no lo cambio por nada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario