miércoles, 31 de agosto de 2016

¿Un cuento como todos los cuentos?


Érase una vez, hace más de mil años. O puede que menos. ¿O era más? Bueno, da igual, el caso es que allá, por los tiempos de Maricastaña, existió una princesa que se llamaba… se llamaba… bah, la verdad es que no sé cómo se llamaba, pero eso da igual.
Pues resulta que en un lejano país de cuento vivía una princesita de cuyo nombre no logro acordarme. Una princesita, como todas las princesitas, ya sabes: un poco cursi, un poco ingenua, un poco soñadora, un poco respondona, un poco caprichosa… en fin, lo que se dice una auténtica princesa de cuento.
Y esta dulce princesita, como cualquier princesa de cuento que se precie, tenía como enemiga a una malvada bruja. Una bruja malvada como todas las brujas malvadas de cuento: fea, gruñona, vieja y con verrugas de todos los tamaños,
Esta bruja fea y malvada odiaba a la princesita buena y guapa porque así está escrito en el contrato de toda bruja fea y malvada.
Érase que se era, también, en un reino cercano al de la princesa guapa y buena,  un príncipe como todos los príncipes de cuento: guapo, generoso, valiente y, según su padre, ansioso por casarse. No era azul pero, bueno, nadie ha dicho que todos los príncipes de cuento tengan que ser azules ¿o sí? En fin, da igual, este no era azul. Encantador, sí, pero azul, no.


Así que ya tenemos los tres personajes principales de cualquier cuento de hadas: la princesa, el príncipe y la bruja. Y, como en todo cuento que se precie este debería ser justo el momento en que la bruja malvada y fea debería hacer una de estas tres cosas:
1. Encerrar a la princesa en una torre más alta que el rascacielo más alto de todos los rascacielos altos que hay en el mundo y ahorrarse una pasta en cortes de pelo real.
2. Mandarla a dormir durante siglos y siglos y aprovechar para hacer publicidad de colchones..
3. Intentar envenenarla a base de manzanas y, de paso, echar abajo la campaña que nos aconseja comer mucha fruta.
O cualquier otra faena de esas que las brujas feas y viejas suelen hacer a las princesas buenas y guapas.
Eso es lo que debería haber ocurrido pero no ocurrió porque, justo en el momento en que debía producirse el acto de maldad esperado por todos, la bruja fea y malvada se puso enferma. La muy tragona se comió un par de sapos en mal estado y tuvo para días en el Hospital Baba Yaga para Brujas del Bosque Mágico.

 
Como comprenderás, un cuento no puede pararse por un quítame allá una bruja enferma, por muy fea, y vieja, y llena de verrugas que sea. De modo que los que se encargan de estas cosas, llamaron a una sustituta.
La sustituta resultó no ser tan vieja ni tan fea. Ni siquiera tenía verrugas, vamos, ni un mal granito tenía. Para más inri, odiaba los cuentos de toda la vida. Ella decía que era una innovadora. Sus superiores decían que era más molesta que un dolor de muelas pero a alguien había que enviar para poder acabar el cuento… y ella era la única que estaba libre.
De modo que ahora tenemos una princesa guapa y buena, un príncipe valiente y guapo y una bruja no-fea y no-vieja con espíritu revolucionario. Y nos habíamos quedado justo en el momento en que la bruja debía secuestrar, dormir o envenenar a la princesa para que, posteriormente, el príncipe no-azul pero sí-encantador viniera en su rescate. Para acabar con la muerte de la bruja y una boda por todo lo altísimo, con perdices y todo.
Eso es lo que debería haber ocurrido pero no ocurrió porque la bruja no-vieja y no-fea decidió que quería un cuento diferente. De modo que se fue en busca de la princesa guapa y buena y la convenció para:

1. Decirle a su padre, el rey, que no quería casarse con un príncipe, azul o no-azul, ni con un príncipe encantador, ni con cualquier otro príncipe, al menos de momento.
2. Dejar de ser tan cursi y tan ñoña y tan delicada y tan... tan princesa de cuento.
3. Irse a la universidad, sacar una carrera y buscarse un trabajo.
Asimismo tuvo una pequeña charla con el príncipe valiente y guapo y lo convenció para que:
1. Se atreviera a decirle a su padre, el rey, que no tenía la menor intención de seguir la tradición familiar y que ya podía buscarse otro heredero..
2. Se largara a Hollywood a ser actor que es lo que de verdad le gustaba..
3. Dejara de usar esos horrorosos leotardos y se pusiera unos vaqueros.
Y como ya había cogido carrerilla decidió pasarse por los otros cuentos y, en un plis plas, logró convencer a los Siete Enanitos de que dejaran la mina de diamantes en manos de un administrador y se marcharan de vacaciones al Caribe. Luego fue en busca de Caperucita para recordarle que no tenía edad de ir haciendo recaditos a mamá y que ya era hora de independizarse; a continuación tuvo una charla con el Lobo Feroz y los Tres cerditos a quienes animó para que formaran el grupo de rock del que siempre estaban hablando. Tras su paso por el cuento de Cenicienta, el príncipe acabó reconociendo que, quien le gustaba de verdad, era una de las feas hermanastras (mucho más simpática que Cenicienta, si lo sabré yo...). A la princesa del guisante le recomendó un médico estupendo para que se mirase tanta “delicadeza” y a ella le gustó tantísimo el doctor que acabó casándose con él.
Y así un cuento tras otro.
La bruja no-vieja y no-fea se sentía muy satisfecha consigo misma y se lo estaba pasando pipa y, si de ella hubiera dependido, habría continuado hasta acabar con todos los cuentos clásicos y algunos modernos.
Lástima que a sus jefes no les pareciera nada gracioso lo que estaba haciendo.
Así que la bruja no-vieja y no-fea fue obligada a asistir a unos cursillos de recuperación para brujas extraviadas.
Su profesor está convencido de que está haciendo muchos avances.
Sus jefes creen que está mucho más normal.
Sus amigas le han comprado unas cuantas verrugas para que se vaya acostumbrando al look tradicional.
Y yo… Yo no me creo nada y estoy esperando que la envíen al próximo cuento.
Me lo voy a pasar genial contándolo. 
  

miércoles, 10 de agosto de 2016

Invierno caprichoso


Hubo un año un tanto extraño,
en que algo extraño ocurrió,
algo que nadie esperaba,
algo que antes nadie vió.
Aquel año tan extraño
en que algo extraño ocurrió
el Señor Invierno un tanto huraño
dijo: -¡Aquí me quedo yo!
dijo que no se iba,
que estaba muy cómodo
que de aquí no se movía
y ya está.
La que se lió no fue normal
todos corrían de acá para allá.
-¡Hay que conseguir madera!
-¡Hay que comprar carbón
-¡Hay que traer más comida!
-¿Qué vamos a hacer? ¡Qué horror!


La señora Primavera, escandalizada,
preocupada y enfadada
con el señor Invierno tuvo una reunión:
-Tienes que irte enseguida.
- Es mi turno, no seas cabezón.
Y el Invierno, erre que erre:
-Que de aquí no me muevo yo.
El señor Verano, serio y enfadado,
le echó un broncazo y se quedó callado.
Pero el Invierno repitió:
-Que no, que de aquí no me muevo yo.
El señor Otoño, su mejor amigo,
se acercó a él abrochando su abrigo,
hablaron largo y tendido
pero el Invierno insistió:
-Que no, que de aquí no me muevo yo.


Y allí se quedó aquel año un tanto extraño,
en que algo extraño ocurrió,
algo que nadie esperaba,
algo que antes nadie vió.
Pasó mayo y luego junio,
también julio llegó y pasó
y el veintiuno de agosto incluso nevó y heló.
Y el señor Invierno insistía:
-De aquí no me muevo yo.
Cierto día, de paseo,
un niño se le acercó,
un niño de palmo y medio,
flaquito y algo dentón,
hasta él llegó temblando
con cara de tristón.
-¿Por qué andas triste y cabizbajo?-el Invierno preguntó.
-¿Por qué no estás tan feliz como yo?
-Porque tengo frío - repondió el niño.
´-Porque tengo hambre -el niño contestó.
-Porque el Invierno no se ha ido y en este pueblo, nada ha crecido. 


No hay frutas, ni verduras, ni granos.
Sin primavera no hay flores y no hay frutos sin verano.
No hay siembra ni sembrado.
-¿Entonces que yo esté aquí no os hace felices?
-Cuando vienes unos meses, sí, pero no que si te quedas a vivir.
El Señor Invierno entonces pensativo se quedó,
siguió andando, ensimismado
y tomó una decisión.
Hubo un año un tanto extraño,
en que algo extraño ocurrió,
algo que nadie esperaba,
algo que antes nadie vió.
Aquel año tan extraño
en que algo extraño ocurrió
el Señor Invierno un tanto huraño
dijo: -¡De aquí me marcho yo!
-Dejo paso a mis hermanos,
que vengan el sol y el calor
que vuelvan flores y frutas,
las siembras, las cosechas y el color.
Que en la variedad hay vida,
alegría y diversión.
Hubo un año un tanto extraño,
en que algo extraño ocurrió,
algo que nadie esperaba,
algo que antes nadie vio.

Mauricio Molero

  Mauricio Molero  molía el maíz y con la otra mano movía su nariz. Mauricio Molero molía el millo y con la otra m...