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Mostrando entradas de enero, 2013

Adrinada y Adrinuja

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Adrinada era el hada más triste de todas las hadas que habitan en el bosque. Y os preguntaréis todos -o al menos alguno- por qué Adrinada estaba tan triste, y yo os responderé a todos -o al menos a algunos- que Adrinada estaba tan tristísima porque, aunque el bosque estaba repletísimo de hadas, no tenía amigas, ni una, ni media, ni un cuarto... nada. ¿Por qué? -preguntaréis alguno que otro- ¿Es que era un hada antipática? No, para nada. ¿Es que acaso era mandona? No, en absoluto. ¿Era, tal vez, gruñona, presumida, egoísta, malhumorada, maleducada, mal... lo que sea? Pues no, no, no y no, ninguna de esas cosas. ¿Entonces? -preguntaréis los más preguntones- ¿Por qué Adrinada no tenía amigas? Y yo responderé -a los preguntones, a los otros no-: porque era diferente. ¿Sólo por eso? -volverán a preguntar los preguntones- Sí, sólo porque era más grande que las demás, y bastante más torpe también. Sólo porque no era tan guapa, ni tenía el pelo tan brillante y sus alas no tenía tantísimos color…

Los disparates de Disparato

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La primera vez que el gato Disparato vio nevar creyó que la Luna se estaba deshaciendo y caía a la Tierra en trocitos y se llevó tal susto que bajó del tejado y corrió por todas partes gritando a todo gritar: -¡Que se cae la Luna! ¡Que se cae la Luna! Sus amigos, preocupados, acudieron rápidamente a ver qué ocurría. -La Luna se des,hace -decía Disparato-, ¿es que no la veis caer trocito a trocito? Cuando los demás se dieron cuenta de lo que decía, comenzaron a reírse, y a reírse ,y a reírse hasta que acabaron todos con dolor de tripa. Disparato no entendía nada. -¿Es que no vais a avisar al rey de lo que está pasando?

Pero sus amigos siguieron riendo y Disparato -avergonzado- prefirió irse a dormir. A la mañana siguiente todo parecía bastante normal y Disparato se sintió mucho más tranquilo... hasta que vio los témpanos de hielo colgando de los tejados. Entonces comenzó a correr por todos lados gritando a todo gritar: -¡El cielo se derrite! ¡El cielo se derrite! ¿No veis cómo cae sobre los tej…