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Mostrando entradas de julio, 2013

Trabalenguas

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El burro


Erre que erre, el burrero arreaba al burro cazurro, Arre que arre , arreaba el arriero al burro. Y arreando, correteando, carreteando y burreando subían al monte arriero, carreta y burro.




El trasgo y el troll


Trae el trasgo el trigo a través del trigal, y un troll traicionero le roba el cereal. El trasgo travieso trota tras el troll y trota que te trota, trepa que trepó, trata de atraparlo pero se escapó. Traía el trasgo el trigo a través del trigal pero el troll traicionero le robó el cereal.




Lula la lechuza


Lula, la lechuza, ulula en el álamo y allá, en el llano, aulla el alano. Lula, la lechuza, aletea, se lanza, se avalanza y alardea. Y en su laurel oloroso, Manuelo, el mochuelo, contempla, alelado,

El Bosque

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Hace un tiempo -no sé cuánto- alguien me contó que existe, en no sé qué país lejano de no sé qué remoto continente, un bosque; un bosque grande y extraño, un bosque frondoso y boscoso, un bosque... lleno de árboles. Me contó ese no sé quién que era aquél un bosque misterioso, un bosque hermoso y añoso, un bosque maravilloso habitado por los personajes -nada famosos- de cuentos que nunca habían salido en un cuento porque no se parecían en nada a los personajes de los cuentos que sí salían en cuentos. Y me habló ese alguien que no recuerdo quién era de algunos personajes que en ese bosque habitan. Me contó -para empezar- mi olvidado informador, que en el primer árbol a la derecha del gran roble que está a veinte pinos y un castaño de la entrada, en el hueco de la cuarta rama grande contando desde el suelo hasta el cielo, vive un hada bajita y regordeta, un hada con gafitas y un poco zoqueta. Un hada formal y sensata, más bien tirando a pacata.
Me contó -ya que a ello se había puesto- que …

La princesa Theresa

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Theresa no quería ser princesa y así se lo había dicho al rey -su padre- y a la reina -su madre- unas seis mil setecientas veces -vez arriba, vez abajo-. Su padre, el rey, cada vez que oía a su hija decir esas “tonterías”, como él las llamaba, se enojaba, se enfadaba y hasta se enfurruñaba, pero Theresa insistía: -Papi, es que es un rollo ser princesa. Un rollo bien rollazo y un aburrimiento bien aburrido, y yo no quiero, no quiero y no quiero. El rey se exasperaba, se encojarinaba y el cerebro se estrujaba intentando comprender tan grave situación. -Pero algo tendrás que hacer cuando seas mayor -dijo a Theresa cierto día en que estaba de mejor humor- y, si no es la de princesa ¿Qué profesión te interesa? Y, sin dudarlo un instante, con una sonrisa de oreja a oreja, Theresa respondió radiante: -¡Bruja, papi! Quiero ser bruja, de las de escoba y verruga, sombrero puntiagudo y vuelos a la luz de la luna. Bruja con gato y con sapo, con vestido negro y un libro de embrujos, hechizos y conju…

El huevo de doña Cuz-Cuz Avestruz

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El día que puso su primer huevo, la señora Cuz-Cuz Avestruz se sintió muy feliz. Luego recordó que a su vecina, doña Sapiente Serpiente, le gustaban mucho los huevos (fritos, cocidos, en tortilla, revueltos...) y se sintió un poco menos feliz. -Creo -pensó doña Cuz-Cuz Avestruz- que lo mejor será esconder mi huevo antes de que esa serpiente repelente intente comérselo. Y la señora Cuz-Cuz Avestruz escondió su precioso huevo muy bien escondido y luego, feliz como una lombriz, se marchó a tomar el té con doña Azorafa Jirafa como hacía todas las tardes. Cuando regresó a casa, doña Cuz-Cuz Avestruz quiso ver cómo estaba su precioso huevo pero lo había escondido tan bien escondido que no lo podía encontrar.
Doña Cuz-Cuz, asustada y preocupada, dio vueltas y más vueltas alrededor de su nido. ¿Lo habria escondido bajo aquella piedra tan gorda? Doña Cuz-Cuz, levantó la roca con sus fuertes patas pero allí sólo estaba don Cariharto Lagarto echándose una siestecita. ¿Lo habría ocultado entre aquel ma…

Simeón el dragón

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El dragón Simeón vivía en una montaña muy alta, muy lejos de cualquier lugar, justo en el centro del nada famoso reino de Todoescuento. Era Simeón el dragón más guapo en kilómetros, vivía en un fabuloso palacio, le gustaba volar hasta la luna, hacía unas estupendas barbacoas en el jardín y se sentía muy solo. Existían, claro está, otros dragones pero -como todo el mundo sabe- los dragones no pueden estar juntos más de media hora porque, pasado ese tiempo, y sin ningún motivo, comienzan a discutir y, tras media hora de discusión, comienzan a escupir fuego y... bueno, la cosa suele acabar bastante chamuscada y oliendo a dragón asado. Así que Simeón decidió secuestrar a una princesa, que es lo que suelen hacer los dragones cuando se sienten solos.

Simeón voló hacia el reino Melindroso, en el norte, y secuestró a la princesa Tiquismiquis que resultó ser una princesa cursi, ñoña y remilgada y, después de tres noches de soportar sus quejas por no sabía qué guisante en la cama, él mismo fue en …