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Mostrando entradas de 2015

Carbón por Navidad

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Érase que se era, en un reino muy, muy lejano, un pueblo tan pequeño, tan pequeño, que ni estaba en los mapas y tan pobre, tan pobre, que no tenía ni nombre. A pesar de ser tan pobres, en aquel pequeño pueblo todos eran felices. Tenían lo bastante para comer, tenían sus diminutas casas, tenían amigos y, sobre todo, tenían sus familias. En aquel pueblo todos se ayudaban y todos se querían. Cada uno daba lo que tenía y lo cambiaba por algo que necesitaba. No necesitaban mucho más. Aquel pequeño pueblo era un pueblo feliz. Pero llegó un invierno tan frío, tan frío, que hasta los mocos se quedaban congelados en la nariz y el poco carbón que había en el pueblo se acabó antes de llegar Navidad. Los mayores andaban muy preocupados por eso. Y los niños...  Bueno, los niños comenzaron a comportarse de manera muy rara. Desobedientes. Perezosos. Maleducados. Hasta los más tranquilos hacían travesuras. Era de lo más extraño. En poco tiempo el pueblo pasó de ser un pueblo feliz, a ser un pueblo triste y…

Alina y las estrellas

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Alina quiere una estrella para su árbol de Navidad, pero no una estrella cualquiera de esas que venden en el hiper, no, Alina quiere una estrella de las de verdad, de las que llenan el cielo cada noche. Alina se lo dice a sus padres pero ellos le dicen que eso es imposible, que las estrellas están muy lejos, que menuda ocurrencia, que si patatín, que si patatán. -¡Mayores! ¡Qué sabrán ellos! -piensa Alina. Asì que Alina decide conseguir la estrella ella solita. Y se pone a pensar. Mucho, y muy fuerte. La primera idea que tuvo fue usar un lazo, como en esas viejas películas del Oeste que que le gustan al abuelo. ¡No podía ser muy difícil, las estrellas no se movían tan deprisa como las vacas! Tal como lo pensó, lo hizo. Esperó a la noche. Cogió su abrigo y su comba y salió a la calle a atrapar una estrella...   Alina lanzó el lazo que había hecho su madre, una y otra vez, una y otra vez... Pero no hubo manera. Las estrellas, allá en lo alto, se reían por lo bajito.


Y Alina volvió a pensar. Muc…

Pequeño robot

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Pequeño Robot quería ser un niño como todos los niños. Jugar como todos los niños. Tener amigos como todos los niños. Pero cuando intentó hacer amigos, los niños no lo quisieron. -¡Vete de aquí! -le dijeron- ¡Ni siquiera tienes ojos como los nuestros! ¡Das mucho miedo! Pequeño Robot se fue con la cabeza baja. Habría llorado si hubiera podido,  pero con sus ojos de robot no se podía llorar. -Papá -dijo al llegar a casa-. Quiero tener ojos como los de los demás niños. -Eres un robot perfecto, no los necesitas... pero si es lo que quieres, te los haré. Y el papá del pequeño robot construyó unos enormes y preciosos ojos humanos. Pequeño Robot, la mar de contento, volvió a donde los niños jugaban. -Ahora tengo ojos como los vuestros -dijo muy ilusionado. Los niños dejaron de jugar y lo miraron muy fijamente. -Nos da igual que tengas ojos. No tienes nariz. ¡Das mucho miedo!


Pequeño Robot se fue con la cabeza baja. Ahora sí podía llorar y lloró desconsolado. -Papá -dijo al llegar a casa-. Quiero una nar…

Paisaje pleistoceno

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Os invito a pasear por un paisaje pleistoceno, aquí podremos merendar y pasar un rato ameno.
Hay todo tipo de animales en este lugar maravilloso, algunos son muy curiosos, otros son muy hermosos, los hay de tamaño grandioso, los hay que son valerosos y también los hay miedosos, poderosos, armoniosos, peligrosos y vellosos.
Si miramos con cuidado y observamos con detalle si nos estamos callados y nos asomamos a ese valle, contemplaremos asombrados (si nos deja ese aye aye) el espléndido panorama que se oculta tras tanta rama.





El dinoterio Emeterio se lo toma todo en serio, piensa en cosas aburridas mientras come su elaterio. Eleuterio el megaterio se toma un refrigerio

Halloween

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Es su noche, la gran noche, cuando los monstruos pueden salir, mezclarse con la gente, pasear como si nada y hasta comer regaliz. Es la noche, la gran noche, noche de Halloween. Monstruos,  vampiros, fantasmas y momias. Gatos muy negros y brujas con cofias. Hombres lobos que aúllan, búhos que ululan, ratas y arañas peludas.


Esqueletos sonrientes y zombis malolientes. Todos se preparan, se reparan, se dan lustre, se acicalan.


-¡Al fin, por fin, llegó, ya está aquí, Halloween! Y todos contentos y bien arreglados salen a la calle en grupos, de dos, de tres o de cuatro. Es su noche, la gran noche, cuando los monstruos pueden salir, mezclarse con la gente, pasear como si nada y hasta comer regaliz. Es la noche, la gran noche, noche de Halloween. Esta noche no sabrás