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Mostrando entradas de 2014

El señor Abrigo

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El señor Abrigo llegaba siempre a Ciudad Alegre con la primera nevada del año... o tal vez era la primera nevada del año la que llegaba siempre con el señor Abrigo.  A saber. Fuere el uno primero y la otra después o la otra primero y el uno después, el caso es que, en cuanto el primer copo de nieve comenzaba a caer, se escuchaba a lo lejos el “ring ring” del timbre rojo de la roja bicicleta del señor Abrigo. Y antes de que el segundo copo tocara el suelo, la gente ya estaba llenando las aceras, las ventanas, los balcones, las puertas de las tiendas y hasta alguna farola, para ver al señor Abrigo dar su primer paseo por la ciudad y darle la bienvenida: -¡Bienvenido señor Abrigo! -gritaban. -¿Cómo está usted, señor Abrigo? -le decían. -¡Qué alegría verle de nuevo, señor Abrigo! -le saludaban. Y el señor Abrigo, sin detenerse, sonreía, agitaba la mano y contestaba: -¡Hola, hola, hola! ¡Qué gusto estar aquí de nuevo! ¡Hola, hola, hola!

Y seguía pedaleando por toda la ciudad mientras la gente -co…

Pajarito Pajarete

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Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete, no quiso volar hasta el sur: -¡Qué pereza! -protestaba- ¡Qué cansado! ¡Vete tú! Yo este año me quedo. Volar tanto me da una pereza... Y por mucho que sus amigos lo intentaron, por mucho que su familia lo empujó, Pajarito Pajarete se cruzó de brazos y a moverse se negó. El invierno estaba muy cerca, no podían esperar más, así que se encogieron de hombros y dejaron a Pajarito en paz. Prepararon sus maletas y se dispusieron a viajar. Y Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete, tras decir adiós a todos, se quedó en casa tan ricamente. El calor fue desapareciendo, las nubes fueron llegando, las noches se fueron alargando y el frío fue, poquito a poco, aumentando. El otoño -marrón, amarillo y rojo- fue acabando y el invierno -blanco, gris y azul- asomó la nariz:


-¡Brrrrr, qué frío! -se quejaba Pajarito Pajarete- ¡Brrrr, qué horror! ¡Qué frío tan helador! ¡Si parece que viva en un congelador! Pajarito Pajarete, que nunca había usado ropa, tuvo qu…

Delia Noelia y la lluvia

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Delia Noelia tiene unas botas de agua de color rojo. Y un chubasquero del mismo color. Y un paraguas de un rojo muy chillón.   A Delia Noelia le gusta la lluvia. Y le gusta bailar a su son. Y saltar en los charcos, o de uno en uno, o de dos en dos. Y contar las gotas que caen en el balcón. Y dormirse poquito a poco con su canción. Delia Noelia, como es otoño, cada mañana se lo pone todo: su chubasquero, sus botas, su paraguas y hasta un gorro. -¿Cuándo llueve? -pregunta la niña- ¿Cuándo lloverá, mamá? Pero su madre no sabe cuando la lluvia caerá. Delia Noelia, como es otoño, cada mañana, buscando la lluvia, mira al cielo:

-¿Cuándo lloverá, abuelo? Pero el abuelo no sabe cuándo lloverá. Delia Noelia, como es otoño, espera, desespera y vuelve a esperar, pero la lluvia no

Noche de brujas

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Era un otoño otoñal lleno de hojas amarillas, de hojas marrones y hasta de hojas rojas. Como era otoño otoñal, las noches eran frías y nadie salía de casa. Todo el mundo prefería quedarse junto al fuego, con una taza de chocolate caliente y una mantita suave, todos acurrucaditos y contando historias. Bueno,  todo el mundo... o casi. Porque allá afuera, en la otoñal noche de otoño, pululaban unos cuantos hombres lobos, varios vampiros, algunos fantasmas y muchas, muchas brujas que brujeaban y se preparaban para celebrar su Gran Noche. Cuando la luna estuviera llena, brillante y redonda como una torta, se reunirían todas las brujas del lugar y de cuatro o cinco lugares más, y celebrarían una gran fiesta. Las brujas pirujas, las corujas y hasta las papandujas, andaban muy ocupadas, liadas y más que atareadas. Cada bruja tenía su tarea y cada tarea tenía su bruja. La bruja Marbuja, gran cocinera, se pasaba las horas en la cocina preparando pasteles de alas de murciélago, tortitas de cola de esc…

Adrinada y Adrinuja (Ampliación)

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Este no es un cuento nuevo en mi blog, fue subido en enero de 2013 pero hace poco alguien me pidió una ampliación para transformarlo en una obra de teatro y lo hice más que encantada. Este es el cuento tras la ampliación, espero tener pronto noticias de la obra de teatro :)



Adrinada era el hada más triste de todas las hadas que habitan en el bosque. Y os preguntaréis todos -o al menos alguno- por qué Adrinada estaba tan triste, y yo os responderé a todos -o al menos a algunos- que Adrinada estaba tan tristísima porque, aunque el bosque estaba repletísimo de hadas, no tenía amigas, ni una, ni media, ni un cuarto... nada. ¿Por qué? -preguntaréis alguno que otro- ¿Es que era un hada antipática? No, para nada. ¿Es que acaso era mandona? No, en absoluto. ¿Era, tal vez, gruñona, presumida, egoísta, malhumorada, maleducada, mal... lo que sea? Pues no, no, no y no, ninguna de esas cosas. ¿Entonces? -preguntaréis los más preguntones- ¿Por qué Adrinada no tenía amigas? Y yo responderé -a los pregu…