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Mostrando entradas de abril, 2013

Nada es lo que parece IX

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Pues aquí os dejo el último capítulo de Nada es lo que parece, espero hayáis disfrutado con las pequeñas aventuras de Ayla tanto como yo disfruté escribiéndolas.

Ilustraciones de Eliz Segoviano.



CAPÍTULO NOVENO


Ayla se sentía eufórica, parecía que ya le había cogido el truco a esto de enfrentarse a las pesadillas y cada vez sentía menos miedo. Se quedó allí hasta que el feliz dragón se perdió de vista y, luego, siguió su camino.
La cima estaba ya muy cercana y la niña avanzaba muy tranquila, convencida de que todo estaba a punto de acabar, y justo en ese momento lo que se acabó fue el camino. Ayla no podía seguir avanzando hacia la cima. Ante ella se levantaba una enorme pared por la que era imposible escalar.
-¿Y ahora qué hago? -preguntó al Aire, que se movía suavemente a su alrededor.
-Esperar -dijo el Aire.
Ayla se sentó y esperó. Pero no pasó nada.

Nada es lo que parece VIII

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Ilustraciones de Eliz Segoviano.





CAPÍTULO OCTAVO




Aún estaba Ayla mirando el hueco por el que había desaparecido la tortuga cuando una gigantesca sombra tapó el sol. Algo enorme se había detenido a sus espaldas y la observaba, Ayla podía oír su atronadora respiración y sentir el extremado calor que desprendía. Se giró lenta, muy lentamente y se encontró con una de sus peores pesadillas: un inmenso dragón cuyo cuerpo estaba cubierto de escamas negras como la noche y que la miraba fijamente con ojos llenos de pura maldad.
Ayla se movió tres pasos hacia la derecha, en un intento de rodear al terrorífico dragón que no hizo ni el más mínimo movimiento. Se movió otros tres pasos y el dragón ladeó su enorme cabezota, pero siguió sin moverse del sitio. Unos cuantos pasos más sin perder de vista a la bestia y Ayla pudo, por fin, echar a correr.
El dragón se limitó a seguirla con la mirada sin que, al parecer, tuviera el menor interés en ir tras ella. A pesar de eso, la niña corrió y se alejó cuant…

Nada es lo que parece VII

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Ilustraciones de Eliz Segoviano.




CAPÍTULO SÉPTIMO



El camino hasta las Montañas de las Pesadillas transcurrió sin contratiempos y Ayla recorrió el último tramo con gran tranquilidad y disfrutando de las cosas curiosas que había en aquel extraño lugar. Comió flores de piruleta, probó el algodón de azúcar que crecía en unos preciosos y pegajosos árboles y se relamió de gusto con el árbol que daba manzanas de caramelo. Además, se lo pasó en grande contemplando peces que volaban, pájaros que vivían bajo el agua, insectos que no parecían insectos, plantas que andaban y otras muchas cosas fantásticas.
Entonces llegó a las Montañas de las Pesadillas y todo cambió.
-Bien -dijo-, ya estoy aquí. ¿Ahora qué?
-Ahora tienes que enfrentarte a lo que en ellas encuentres y llegar hasta la cima -le respondió el Aire, que nunca parecía estar muy lejos.
-¡Vaya, qué fácil! -suspiró Ayla, y continuó caminando.