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El duende del sueño

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Me meto en la cama, me tapo hasta la nariz. cierro los ojos es hora de dormir. Pero el duende del sueño, hoy tarda en venir. Espero y espero, y vuelvo a esperar. El duende no llega, ¿qué le pasará? Giro a la derecha, luego a la izquierda, me pongo boca arriba y sobre mi barriga, miro al techo, a la puerta, la ventana, la cortina... Nada, que el duende no llega, ¿qué le ocurrirá?


Parece que lo oigo, ay, que va a llegar.¡Juguemos al escondite! —le escucho gritar. Yo estoy muy cansada, no quiero correr ni tampoco saltar, quiero seguir en la cama, dormir y descansar. Pero el duende del sueño hoy quiere jugar¡Juguemos al escondite! —grita sin parar.Hoy no me apetece, prefiero descansar, mira que mañana debo madrugar. Pero el duende del sueño no quiere trabajar.¡Juguemos al escondite! —vuelve a gritar. Y sale corriendo, veloz como el viento, a esconderse bajo un asiento.


Estás bajo la silla —le digo en un bostezo. El duende del sueño ríe con regocijo y sale disparado, a buscar otro escondrijo.Estás en el ropero —le…

NOCHE DE NAVIDAD

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Esta noche Lucía no puede dormir. 
Es Nochebuena y Papá Noel está a punto de venir.
¡Qué nervios!
¡Qué emoción!
¿Traerá todos los juguetes que Lucía pidió?
En su cama, ya revuelta, ella no puede parar,
gira a un lado, gira al otro, 
como siga dando vueltas Lucía se va a marear.
¿Dónde está el sueño esta noche?
¿Dónde el sueño se escondió?
Si no viene pronto el sueño,
no tendrá los regalos que pidió.
Lucía cierra los ojos,
los aprieta a todo apretar,
a ver si de esa manera
se duerme al contar dos.
Pero los ojos, tozudos, 
se abren de par en par.
¿Dónde está el sueño esta noche?
¿Dónde el sueño se escondió?
Si no viene pronto el sueño,
no tendrá los regalos que pidió.



Contaré ovejas, piensa Lucía, así me dormiré, me lo dijo mi tía. Una oveja, dos ovejas, tres ovejas amarillas, cuatro ovejas, cinco ovejas, seis ovejas de mentira. Cuenta veinte, cuenta treinta, cuenta cuarenta y cincuenta. Pero los ojos, tozudos,  se abren de par en par. ¿Dónde está el sueño esta noche? ¿Dónde el sueño se escondió? Si no viene pronto el…

CARTONPIEDRA

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Cartonpiedra era una caja grande, triste, arrugada y agujereada que había sido abandonada junto a los contenedores de basura.
—¡Pobre de mí! —decía Cartonpiedra— ¡Me van a aplastar y trocear y hacer otras cosas mil! ¡Ay, ay, pobre de mí! El viento, que siempre acaba pasando por todos los sitios y en ese momento pasaba por allí, viéndola llorar y suspirar, temblar y tiritar, sintió mucha pena y quiso ayudarla.  Así que sopló y sopló con mucha fuerza y, medio volando, medio arrastrando, se la llevó hasta un descampado, casi, casi un prado, en medio de la ciudad, con un parque justo al lado. —¡Aquí la dejo, doña Caja! Ya no irá a la basura. A partir de ahora, su vida es suya. Y allí quedó Cartonpiedra, sin saber muy bien qué hacer, aparte de mirar a los insectos, las lagartijas, los pájaros, los ratones, las nubes, el sol, la luna, las estrellas...