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Amelia Camelia

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Amelia Camelia es una niña rara Lo dice su madre Lo dice su abuela Lo dice también su amiga Cordelia.

Amelia Camelia viste cada día de un color distinto, todo depende de cómo se sienta. Si esa mañana está muy contenta de amarillo se viste de pies a cabeza. Si por el contrario se levanta triste de azul será toda su vestimenta. Negro si tiene miedo, rojo si se enfada,
y marrón si siente pereza.

Amelia Camelia es una niña rara. Lo dice su madre. Lo dice su abuela. Lo dice también su amiga Cordelia.
Amelia Camelia anuda en su pelo decenas de cintas de todos los colores desde el añil profundo hasta el rojo fuego. Le gusta que el viento juegue con ellas, haciendo que las cintas floten y bailen como pequeñas cometas. <

Piratas de secano

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Esta es la historia de un barco pirata, un barco pirata en mitad del desierto, un barco pirata con sus velas, sus cañones, su timón, y hasta su pirata tuerto. Son piratas de secano, piratas de tierra adentro, piratas que no han visto el mar, ni un lago, ni un río, ni siquiera un riachuelo. El enorme barco pirata, surca la ardiente arena, sobre unos grandes esquís, empujado por el viento
que llena  todas sus velas. Y en cubierta, los piratas del desierto, corren, gritan y tiran, empujan, cantan y riñen trabajan, bailan, charlan, cocinan y  hasta ríen.

Nico Perico

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Una mañana, fría y lluviosa, Una mañana nublada y ventosa, Nico Perico perdió su pico, a eso de las ocho y cinco, cuando el viento, de un solo tirón, se lo quitó y se lo llevó.
Nico Perico, corrió y corrió, tras aquel viento tontorrón. -¡Trae acá mi pico, viento antipático! -¡Devuelve mi pico, viento cabezón!
Pero el viento no hizo caso, y siguió volando sin detener el paso, llevando el pico bajo su brazo hasta el cielo, alto, muy alto. Tan alto que Nico Perico ya no lo vio.

Nico Perico lloró y lloró: -¿Sin mi pico qué haré yo? Y pasó el lunes, y llegó el martes, el miércoles al jueves paso dio, amaneció el viernes, despertó el sábado y el domingo llegó y pasó, y Nico Perico seguía llorando, moqueando y suspirando.

El abeto Aniceto

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Cierto día en que me aburría me fui a pasear a un abetal que cerca de casa había y entablé conversación con un abeto gigantón que su historia me contó. 
Resulta que Aniceto (que así se llamaba el abeto) era, allá de joven, pequeño y algo canijo porque, por mucho que lo intentaba, al sol no alcanzaba. Todos a su alrededor eran enormes abetos, más altos que montañas, y la luz le tapaban de modo que Aniceto se conformaba con algún rayo que otro que a ellos se les escapaba.
Aniceto probó a estirarse, pero no pudo. Probó a retorcer sus ramas, pero no pudo. Probó a pedirles a los grandones que se apartaran un poco, pero no le hicieron caso ninguno. Y así pasó la primavera, y pasó el verano, y pasó el otoño y llegó el invierno, y todos los abetos, incluido Aniceto, quedaron adormilados bajo una manta de blanca nieve.
Y me contó el abeto que, ese invierno, cuando más aletargado estaba, despertó repentinamente porque alguien lo estaba sacudiendo. El pequeño Aniceto, asustado, notó que lo arrancab…

Estornudo Morrocotudo

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A Estornudo Morrocotudo, gordinflón y mofletudo, le gusta mucho jugar. hacer muchas travesuras, enredar y alborotar. Siempre anda el estornudo, gordinflón y mofletudo, buscando a quien molestar, a quien hacer cosquillas hasta hacerlo estornudar. Cuando ve a don Elefante no lo puede resistir. con esa trompa elegante el estornudo se oirá en París. Se acerca muy despacio, intentando no hacer ruido, y al pasar don Elefante, con esas patas gigantes, Estornudo Morrocotudo, gordinflón y mofletudo, de un salto sube a la trompa. El elegante elefante, se detiene de repente, arruga la enorme nariz,