Mi abuelo




Mi abuelo hace unas cosas tan raras, tan raras, que no parece un abuelo.
Mi abuelo va a todas partes en bicicleta. Una bicicleta roja que, en lugar de timbre, lleva una enorme bocina color verde.
Mi abuelo, todas las tardes, se pone su chándal amarillo y sale a correr. Yo a veces lo acompaño y jugamos a echar carreras.
Algunas tardes de lluvia mi abuelo dice, me voy a  esconder, y nos tiene toda la tarde busca que te busca. Una vez se escondió en el desván, tras un armario viejo, y se quedó dormido como un tronco. Menos mal que ronca muy fuerte y lo pudimos encontrar porque ni se nos había ocurrido mirar en un sitio tan estrecho.


Mi abuelo hace unas cosas muy raras, tan raras, que no parece un abuelo.
Cuando me acompaña al parque, mi abuelo se sube a los columpios, se lanza por el tobogán y, si jugamos al fútbol, se pone siempre de portero.
Si vamos a la piscina, mi abuelo se pone un traje de baño lleno de colorines, unas aletas de hombre rana y, antes de meterse en el agua, nos hace el “baile del pato”. Luego me coge de la mano y nos vamos a nadar juntos.
Mi abuelo no me lee cuentos, se los inventa.
Mi abuelo se levanta silbando y se acuesta cantando. Sabe hacer magia y cometas. Le gustan las chuches y los pasteles, y hasta sabe hacer pasteles de chuches. Mi abuelo se viste siempre de colores y se pasa el día bailando, riendo y jugando. 

Está muy loco mi abuelo...
Hubo un tiempo en que me daba mucha vergüenza que mi abuelo fuera tan raro, pero cuando vi lo serios y aburridos que son los otros abuelos y lo mucho que mis amigos se reían con mi abuelo, me sentí muy contento y muy orgulloso.
Mi abuelo hace unas cosas tan raras, tan raras, que no parece un abuelo.
Por eso yo, de mayor, quiero ser tan raro como mi abuelo...


 

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