El monstruo bajo la cama


Tendido en su cama, Álex escucha.
Bajo la cama algo se mueve.
Algo se arrastra.
Algo araña.
Algo tropieza con su hucha.
Con la sábana hasta la barbilla, Álex atiende.
Bajo la cama algo respira.
Algo suspira.
Algo se rasca.
Algo rechina los dientes.


Con los ojos cerrados, Álex espera.
Bajo la cama algo que huele.
Algo que ruge.
Algo que trepa.
Tumbado en la cama,  Álex no grita.
Álex no llama.
Álex se agita.
El monstruo se mueve.
El monstruo sisea.
Álex lo oye y se tapa hasta arriba.

 
El monstruo se remueve en la oscuridad,
saca una zarpa,
saca una pata,
saca una cola larga, larga.
Escondido en la cama, Álex se asoma,
mira un poquito,
y ve al monstruo hacerse lacitos.
El monstruo se acerca,
el monstruo sube a la cama,
el monstruo babea sobre su manta.


Y, de repente:
-¡BUUUUU! -dice el monstruo.
Álex da un salto,
Álex da un grito,
Álex intenta reírse bajito.
El monstruo le dice:
-¡Te he dado un buen susto!
-¡Bah! ¡No ha estado mal!
Y los dos se ríen,
y se ponen a saltar.
¡Va a ser una noche de lo más genial!
Álex y su monstruo
juegan sin parar
durante toda la noche
o hasta que no pueden más.
Mañana, de nuevo,
todo empezará,
el susto,
el miedo,
y luego... a jugar.
Porque los monstruos no dan miedo
ni mucho,
ni poco,
ni ná... 

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