Pajarito Pajarete



Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete, no quiso volar hasta el sur:
-¡Qué pereza! -protestaba- ¡Qué cansado! ¡Vete tú! Yo este año me quedo. Volar tanto me da una pereza...
Y por mucho que sus amigos lo intentaron, por mucho que su familia lo empujó, Pajarito Pajarete se cruzó de brazos y a moverse se negó.
El invierno estaba muy cerca, no podían esperar más, así que se encogieron de hombros y dejaron a Pajarito en paz. Prepararon sus maletas y se dispusieron a viajar.
Y Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete, tras decir adiós a todos, se quedó en casa tan ricamente.
El calor fue desapareciendo, las nubes fueron llegando, las noches se fueron alargando y el frío fue, poquito a poco, aumentando.
El otoño -marrón, amarillo y rojo- fue acabando y el invierno -blanco, gris y azul- asomó la nariz:


-¡Brrrrr, qué frío! -se quejaba Pajarito Pajarete- ¡Brrrr, qué horror! ¡Qué frío tan helador! ¡Si parece que viva en un congelador!
Pajarito Pajarete, que nunca había usado ropa, tuvo que ponerse bufanda, gorrito, calcetines, orejeras, guantes y hasta un abrigo chiquitito. Dejó su nido porque había mucha corriente y buscó un hueco en un árbol para estar más caliente, se metió en un rinconcito y de ahí sólo salía para buscar algo que lo alimente.
Un día, al despertar, descubrió que el bosque se había vestido de blanco.
-Así que esto es el invierno -dijo Pajarito Pajarete a una ardilla que por allí pasaba-. Es bonito,  a pesar del frío. Sí, me gusta. No está nada mal.
-Pues ya verás -dijo la ardilla dando saltitos sin parar-, ya verás, cuando llegue Navidad.
Pajarito Pajarete, se quedó pensativo. Con tantas cosas nuevas, se había olvidado de la Navidad. Iba a pasarla solito, en eso sí que no había pensado. Y se acordó de su familia, y recordó a sus amigos y se puso muy triste, muy triste, muy apenadito.


Durante los días siguientes, los animales del bosque, corrían de allá para acá y de acá para allá, todos atareados en la tarea de decorar. Que si espumillón por aquí, que si bolas por allá, que si guirnaldas, que si coronas, muérdago, calcetines y demás.
Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete, también ayudaba con la decoración pero en lugar de estar alegre, cada día que pasaba se ponía más tristón.
Y llegó la Nochebuena y todos alrededor del árbol, cantaron villancicos, rieron,  bailaron y hasta comieron turrón. Todos menos Pajarito que, metido un rincón, calladito, pensaba, arrepentido de su pereza,  en los que se habían marchado.
A la hora de la cena volvieron todos a sus casas, con sus familias, acompañados. Todos menos Pajarito Pajarete que, pequeñito, vago y regordete, se fue paso a pasito, a llorar a su agujerito.
Pero al llegar a su árbol vio que algo raro ocurría: mucho ruido, muchas luces, muchos cantos, muchas risas. ¿Que era aquello? ¿Qué ocurría? ¿Qué era toda esa alegría?
Y entonces, bajo una rama, Pajarito Pajarete, vio a su mamá. Y justo, justo a su lado, estaba su papá. Y al lado de papá, sus hermanos, y sus hermanas, y sus tíos,y sus tías... ¡Y todos los demás!
Habían vuelto a por él. A pasar la Navidad. Porque si no estaban todos juntos, lo iban a pasar muy mal. De modo que, a medio camino, decidieron regresar.
Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete, tuvo las mejores navidades de todas las navidades de su vida.
Y después, todos juntos juntitos, felices y contentitos, volaron hacia el sur. Sí, todos, hasta Pajarito Pajarete, pequeñito, vago y regordete que no quería volver a quedarse solo nunca jamás.

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