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Mostrando entradas de diciembre, 2015

Carbón por Navidad

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Érase que se era, en un reino muy, muy lejano, un pueblo tan pequeño, tan pequeño, que ni estaba en los mapas y tan pobre, tan pobre, que no tenía ni nombre. A pesar de ser tan pobres, en aquel pequeño pueblo todos eran felices. Tenían lo bastante para comer, tenían sus diminutas casas, tenían amigos y, sobre todo, tenían sus familias. En aquel pueblo todos se ayudaban y todos se querían. Cada uno daba lo que tenía y lo cambiaba por algo que necesitaba. No necesitaban mucho más. Aquel pequeño pueblo era un pueblo feliz. Pero llegó un invierno tan frío, tan frío, que hasta los mocos se quedaban congelados en la nariz y el poco carbón que había en el pueblo se acabó antes de llegar Navidad. Los mayores andaban muy preocupados por eso. Y los niños...  Bueno, los niños comenzaron a comportarse de manera muy rara. Desobedientes. Perezosos. Maleducados. Hasta los más tranquilos hacían travesuras. Era de lo más extraño. En poco tiempo el pueblo pasó de ser un pueblo feliz, a ser un pueblo triste y…

Alina y las estrellas

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Alina quiere una estrella para su árbol de Navidad, pero no una estrella cualquiera de esas que venden en el hiper, no, Alina quiere una estrella de las de verdad, de las que llenan el cielo cada noche. Alina se lo dice a sus padres pero ellos le dicen que eso es imposible, que las estrellas están muy lejos, que menuda ocurrencia, que si patatín, que si patatán. -¡Mayores! ¡Qué sabrán ellos! -piensa Alina. Asì que Alina decide conseguir la estrella ella solita. Y se pone a pensar. Mucho, y muy fuerte. La primera idea que tuvo fue usar un lazo, como en esas viejas películas del Oeste que que le gustan al abuelo. ¡No podía ser muy difícil, las estrellas no se movían tan deprisa como las vacas! Tal como lo pensó, lo hizo. Esperó a la noche. Cogió su abrigo y su comba y salió a la calle a atrapar una estrella...   Alina lanzó el lazo que había hecho su madre, una y otra vez, una y otra vez... Pero no hubo manera. Las estrellas, allá en lo alto, se reían por lo bajito.


Y Alina volvió a pensar. Muc…