Los monstruos de Nina



Me llamo Nina y no tengo miedo a los monstruos.
Ni al monstruo que se esconde en el armario.
Ni al monstruo que se esconde bajo la cama.
Ni al monstruo que se esconde tras las cortinas.
Ni siquiera al que se sienta en la silla y se disfraza de ropa cuando lo pillan.
No señor, no me dan ningún miedo.
Ya no necesito luces encendidas por la noche.
Ni meterme bajo las mantas.
Ni esconder la cabeza bajo la almohada.
Nada de nada.
Porque ya no les tengo ningún miedo.
Antes sí que me lo daban pero, un día, me puse a hablar con  ellos y dejaron de asustarme.
Primero conocí a Netvor, el monstruo de la silla, una noche que hacía mucho frío y lo veía tiritar. 


Cuando ves a un monstruo pasando frío, ya no te puede asustar:
Le dejé una de mis mantas y nos pusimos a charlar.
Me contó que ellos no nos quieren asustar,  que se aburren mucho y les gustaría jugar, por eso entran en nuestros dormitorios pero, luego, como son muy tímidos, no se atreven a hablar.
Me dijo que no es cierto que sólo salgan de noche, lo que pasa es que el resto del día estamos tan distraídos con tantísimas cosas que no nos fijamos en ellos.
-¿Y los mayores? -le pregunté-. ¿Por qué ellos no os ven nunca?
-Pues porque son mayores, y ya.
Y me contó, además, que cuando los niños gritamos ellos se asustan muchísimo y les dan ganas de llorar.


A la noche siguiente conocí a Tirvor, el monstruo del armario.
Abrió la puerta salió, tropezó con mis muñecas y... ¡zas!, se  cayó.
Cuando ves a un monstruo tropezar, ya no te puedes asustar.
La tercera noche le tocó el turno a Dodó, el monstruo que se esconde bajo la cama. Las pelusas le hicieron cosquillas en la nariz y lo oí estornudar.
Cuando oyes estornudar a un monstruo, ya no te puedes asustar.
El último en aparecer fue Pogor, el monstruo que se oculta tras las cortinas. El pobre es tan torpe que no encontraba el modo de salir de entre tanta tela.
Cuando ves a un monstruo tan liado, ya no te puede asustar.
Ahora son mis amigos y pasamos los días juntos.
Jugamos.
Nos reímos.
Me cuidan.
Nos cuidamos.
Y, por las noches, cuando todo el mundo está dormido, nos reunimos en mi cuarto y charlamos muy bajito.
Por eso no temo a los monstruos, porque cuando te ríes con ellos ya no te pueden asustar. 

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