Los disparates de Disparato




La primera vez que el gato Disparato vio nevar creyó que la Luna se estaba deshaciendo y caía a la Tierra en trocitos y se llevó tal susto que bajó del tejado y corrió por todas partes gritando a todo gritar:
-¡Que se cae la Luna! ¡Que se cae la Luna!
Sus amigos, preocupados, acudieron rápidamente a ver qué ocurría.
-La Luna se des,hace -decía Disparato-, ¿es que no la veis caer trocito a trocito?
Cuando los demás se dieron cuenta de lo que decía, comenzaron a reírse, y a reírse ,y a reírse hasta que acabaron todos con dolor de tripa.
Disparato no entendía nada.
-¿Es que no vais a avisar al rey de lo que está pasando?


Pero sus amigos siguieron riendo y Disparato -avergonzado- prefirió irse a dormir.
A la mañana siguiente todo parecía bastante normal y Disparato se sintió mucho más tranquilo... hasta que vio los témpanos de hielo colgando de los tejados. Entonces comenzó a correr por todos lados gritando a todo gritar:
-¡El cielo se derrite! ¡El cielo se derrite! ¿No veis cómo cae sobre los tejados?
Y todos los animales comenzaron a reírse y a reírse y rodaron por el suelo.
Disparato los miraba sin entender nada:
-¿Nadie avisa al rey?
Y sus amigos rieron con más ganas. El pobre Disparato, confundido y triste, prefirió irse a casa.
A la mañana siguiente, Disparato vio el lago completamente helado y creyó que se había vuelto de metal. Y al otro día vio la escarcha y pensó que todo se había convertido en cristal pero cada vez que decía algo, los otros animales se reían y se reían.


Hasta que Fierro, el perro, decidió hablarle sobre el invierno. Cuando supo todo eso Disparato se sintió bastante tonto pero se le pasó cuando todos sus amigos le pidieron disculpas y lo invitaron a jugar con la nieve, a patinar sobre hielo y a disfrutar de esa estación que él no conocía y que le había asustado tantísimo.


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