sábado, 13 de julio de 2013

El huevo de doña Cuz-Cuz Avestruz



El día que puso su primer huevo, la señora Cuz-Cuz Avestruz se sintió muy feliz. Luego recordó que a su vecina, doña Sapiente Serpiente, le gustaban mucho los huevos (fritos, cocidos, en tortilla, revueltos...) y se sintió un poco menos feliz.
-Creo -pensó doña Cuz-Cuz Avestruz- que lo mejor será esconder mi huevo antes de que esa serpiente repelente intente comérselo.
Y la señora Cuz-Cuz Avestruz escondió su precioso huevo muy bien escondido y luego, feliz como una lombriz, se marchó a tomar el té con doña Azorafa Jirafa como hacía todas las tardes.
Cuando regresó a casa, doña Cuz-Cuz Avestruz quiso ver cómo estaba su precioso huevo pero lo había escondido tan bien escondido que no lo podía encontrar.

Doña Cuz-Cuz, asustada y preocupada, dio vueltas y más vueltas alrededor de su nido.
¿Lo habria escondido bajo aquella piedra tan gorda?
Doña Cuz-Cuz, levantó la roca con sus fuertes patas pero allí sólo estaba don Cariharto Lagarto echándose una siestecita.
¿Lo habría ocultado entre aquel matojo tan feo?
Doña Cuz-Cuz Avestruz, con su pico, apartó hojas y ramas, metió el cuello cuanto pudo, miró, remiró y volvió a mirar pero lo único que encontró fue a doña Mita Pita Mariquita, que se pintaba los lunares que la lluvia había desteñido
¿Lo habría enterrado en la arena?
La señora Avestruz escarbó y escarbó, con las patas y con el pico, se llenó de arena hasta las pestañas. Hizo un enorme hoyo pero lo único que encontró fue a don Pipón Escorpión bailando sevillanas.
Asustada, doña Cuz-Cuz, al fin se preguntó:
-¿Se lo habra llevado doña Sapiente Serpiente?
Pero entonces recordó que doña Co - Corina Gallina le había dicho que la señora Serpiente había ido a pasar el día en casa de doña Zo - Zobra Cobra.
-¿Dónde estará mi pobre huevo? -se lamentaba doña Cuz-Cuz- ¡Ay! ¡Ay! ¿Dónde lo habré escondido?
Y lloriqueando y moqueando, fue a sacar un pañuelo de su gigantesco bolso.
Doña Cuz-Cuz sacó el monedero, un lápiz de labios y un billetero; luego un abanico, una botella de perfume y un acerico; finalmente un guardapelo, un huevo y un pañuelo.
¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué he dicho ?¿Un huevo?

¡Sí, sí, un huevo! ¡Ahí estaba el huevo de doña Cuz-Cuz Avestruz!
Todo ese tiempo el huevo, calentito y tranquilito, había estado en el bolso de su mamá que, como es tan despistada lo había olvidado.
Doña Cuz-Cuz Avestruz, feliz como una perdiz, besó y abrazó al huevo y luego, con mucho cuidado lo puso en su nido para incubarlo y, a partir de ese día, doña Cuz-Cuz apuntaba siempre en una notita donde escondía el huevo para que no se lo comiera doña Sapiente Serpiente.

 

 

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