El huevo de doña Cuz-Cuz Avestruz



El día que puso su primer huevo, la señora Cuz-Cuz Avestruz se sintió muy feliz. Luego recordó que a su vecina, doña Sapiente Serpiente, le gustaban mucho los huevos (fritos, cocidos, en tortilla, revueltos...) y se sintió un poco menos feliz.
-Creo -pensó doña Cuz-Cuz Avestruz- que lo mejor será esconder mi huevo antes de que esa serpiente repelente intente comérselo.
Y la señora Cuz-Cuz Avestruz escondió su precioso huevo muy bien escondido y luego, feliz como una lombriz, se marchó a tomar el té con doña Azorafa Jirafa como hacía todas las tardes.
Cuando regresó a casa, doña Cuz-Cuz Avestruz quiso ver cómo estaba su precioso huevo pero lo había escondido tan bien escondido que no lo podía encontrar.

Doña Cuz-Cuz, asustada y preocupada, dio vueltas y más vueltas alrededor de su nido.
¿Lo habria escondido bajo aquella piedra tan gorda?
Doña Cuz-Cuz, levantó la roca con sus fuertes patas pero allí sólo estaba don Cariharto Lagarto echándose una siestecita.
¿Lo habría ocultado entre aquel matojo tan feo?
Doña Cuz-Cuz Avestruz, con su pico, apartó hojas y ramas, metió el cuello cuanto pudo, miró, remiró y volvió a mirar pero lo único que encontró fue a doña Mita Pita Mariquita, que se pintaba los lunares que la lluvia había desteñido
¿Lo habría enterrado en la arena?
La señora Avestruz escarbó y escarbó, con las patas y con el pico, se llenó de arena hasta las pestañas. Hizo un enorme hoyo pero lo único que encontró fue a don Pipón Escorpión bailando sevillanas.
Asustada, doña Cuz-Cuz, al fin se preguntó:
-¿Se lo habra llevado doña Sapiente Serpiente?
Pero entonces recordó que doña Co - Corina Gallina le había dicho que la señora Serpiente había ido a pasar el día en casa de doña Zo - Zobra Cobra.
-¿Dónde estará mi pobre huevo? -se lamentaba doña Cuz-Cuz- ¡Ay! ¡Ay! ¿Dónde lo habré escondido?
Y lloriqueando y moqueando, fue a sacar un pañuelo de su gigantesco bolso.
Doña Cuz-Cuz sacó el monedero, un lápiz de labios y un billetero; luego un abanico, una botella de perfume y un acerico; finalmente un guardapelo, un huevo y un pañuelo.
¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué he dicho ?¿Un huevo?

¡Sí, sí, un huevo! ¡Ahí estaba el huevo de doña Cuz-Cuz Avestruz!
Todo ese tiempo el huevo, calentito y tranquilito, había estado en el bolso de su mamá que, como es tan despistada lo había olvidado.
Doña Cuz-Cuz Avestruz, feliz como una perdiz, besó y abrazó al huevo y luego, con mucho cuidado lo puso en su nido para incubarlo y, a partir de ese día, doña Cuz-Cuz apuntaba siempre en una notita donde escondía el huevo para que no se lo comiera doña Sapiente Serpiente.

 

 

Entradas populares de este blog

El globo rojo

Mi estantería de regalos

La casa destartalada