Los trabajos del mono remono


El mono Remono se aburría mucho todo el día subido a un árbol.
-¿Y si trabajaras? -le dijo su madre la mona Remona.
Al mono Remono no le pareció mala idea, así que se bajó del árbol y fue en busca de trabajo.
-Podría ser peluquero -pensó Remono.
Y tal como lo pensó, lo hizo.
Su primer cliente fue Simón el león, que quería arreglarse la melena.
Remono cortó y cortó y cortó tanto que acabó dejando al león sin melena.
Simón se enfureció, rugió, gruñó y persiguió a Remono que se salvó por los pelos de ser zampado.

-Quizás debería probar como pintor -pensó Remono.
Y tal como lo pensó, lo hizo.
Su primer cliente fue Cirilo el cocodrilo que quería pintar su casa.
Remono pintó y pintó y pintó: las paredes, el techo, el suelo, las sillas, las mesas, los armarios...
Cirilo se enfureció, gruñó y poco le faltó para zamparse a Remono de un bocado.


-¿Y si fuera sastre? -pensó Remono.
Y tal como lo preguntó, lo hizo.
Su primer cliente fue Atila el gorila que quería un traje para una boda.
Remono cosió y cosió y cosió hasta acabar el traje: con una pata más larga que la  otra, con las mangas cosidas y sin ojales.
Atila gruñó y rugió y persiguió a Remono que corrió y corrió hasta llegar a casa.
Cansado, agotado y agitado, Remono dijo a su madre:
-Esto de trabajar es muy peligroso, mejor me quedo en casa.



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