La pequeña oruga



La pequeña oruga lloraba y lloraba y, como nada veía, con todo tropezaba.
La pequeña oruga gemía y gritaba:
-¡Soy fea, muy fea! -a todos decía-. ¡Soy fea, muy fea! -la oruga gritaba.
Un búho ojeroso que por allí anidaba miró a la oruguita con cara preocupada y tras un rato de aguantar sus gritos se animó a preguntar:
-¿Qué pasa oruguita? ¿Por qué tanto grito? ¿Por qué tanto llanto? ¿Por qué no me dejas dormir un rato?
Y la pequeña oruga, sin dejar de llorar, mira al enorme búho y contesta tras hipar:
-¡Soy fea, muy fea! ¡Soy fea a rabiar! ¡Nunca seré mariposa y eso me hace enojar!
-Bah, bah, bah -dice el búho con sueño-. Sólo un poco, nada más.
-¡Soy fea, horrorosa, soy fea a rabiar!

-Bueno, vale, eres fea pero seguro que te transformarás en preciosa mariposilla, deja de gritar.
-¡Buaaaaa! ¡Eso es mentira! ¡Seré una polilla! Me lo dijo mamá.
El búho,  se desespera , no sabe qué hacer. Tiene mucho sueño y la oruguita no deja de gritar.
-¿Y qué importa si eres fea? Si no llegas a mariposa, ¿qué más da? Lo importante es como seas por dentro, lo otro da igual.
La pequeña oruga de repente se quedó callada. Pensativa. Meditando. ¡Y sin decir nada!
El búho gruñón, aprovechó el silencio, esponjó sus plumas, cerró los ojos y enseguida se quedó dormido.

La oruguita, pensativa, comenzó a caminar.
Pasito a pasito, sin hablar, se fue marchando de aquel lugar mientras pensaba en lo que acababa de escuchar.
Y al cabo de un rato se la oye murmurar:
-¡Pero yo quiero ser mariposa! -y de nuevo se pone a gritar- ¡Soy feaaaaa, muy feaaaa! ¡Soy fea a rabiaaaaar! ¡Buaaaa! ¡Buaaa! ¡Buaaa!
Aquella noche don Búho ni un ojo pudo pegar...







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