El gallo Cirilo y la gallina Marina


Aquella mañana el gallo Cirilo no pudo cantar.
Lo intentó una vez.
Lo intentó dos.
Hasta tres y cuatro veces probó
Pero de su pico nada salió.
¡El pobre Cirilo estaba ronco, casi sin voz!
-¡Ayayayayay! -pensó Cirilo- ¿Qué voy a hacer ahora? ¡Ayayayay! Si no canto nadie se despertará.
Cirilo, subido en lo más alto del gallinero, pensó y meditó.
-Igual si doy palmas,,,
Y Cirilo dio una palmada:
¡CLAP!
Y luego dio dos:
¡CLAP! ¡CLAP!
Y hasta con tres probó:
¡CLAP! ¡CLAP! ¡CLAP!
Siguió con cuatro, con cinco, con seis, con siete y así hasta diez y mucho más...
Pero nadie se enteró.
Cirilo, en lo alto del gallinero, volvió a pensar y a meditar.


-Igual si doy golpes con el pico...
Y Cirilo dio un golpe con el pico:
¡TOC!
Y luego dio dos:
¡TOC! ¡TOC!
Y hasta con tres probó:
¡TOC! ¡TOC! ¡TOC!
Siguió con cuatro, con cinco, con seis, con siete y así hasta diez y mucho más...
Pero nadie despertó.
-¡Ayayayayay! -pensó Cirilo- ¿Qué voy a hacer ahora? ¡Ayayayay! Si no canto nadie se despertará.
Y Cirilo, preocupado, siguió pensando sentado en lo más alto del gallinero.
La gallina Marina, que también madruga, al verlo tan preocupado le quiso ofrecer su ayuda.
Despacito, con cuidado, subió Marina a lo más alto del gallinero.
Se sentó junto a Cirilo y, después de colocarse las plumas, habló:
-Si tú no puedes cantar, lo haré yo.
-¿Tú? -dijo Cirilo muy, muy bajito-  ¡Si no puedes cantar!
-Bueno, lo puedo intentar.
-¡No sabes decir Kikirikí! -Cirilo gruñó.
-Pues diré Cocorocó -Martina insistió.


-¡Pero eres una gallina! -dijo Cirilo para acabar.
-¿Y eso qué más da? -respondió Marina sin dejarse asustar.
Cirilo, en lo alto del gallinero, volvió a pensar.
El tiempo pasaba.
El sol estaba a punto de llegar.
En la granja dormían y nadie los iba a despertar.
-Vale -dijo Cirilo-. Está bien. Si no queda más remedio, lo tendremos que intentar.
Y Marina la gallina, muy ufana y muy contenta, se puso en pie, arregló sus plumas, colocó su cresta, se estiró muy estirada, agitó sus alas y cantó con todas sus fuerzas:
-¡COCOROCÓOOO! ¡COCOROCÓOOO!
Poco a poco, toda la granja despertó: el cerdo, la vaca, el perro, la oveja, el caballo y hasta el granjero, que era un poco dormilón.
El gallo Cirilo nombró a la gallina Marina gallo honorario. Y, desde entonces, cada vez que Cirilo se pone enfermo, o se va de vacaciones, Marina sube a lo más alto del gallinero, se arregla las plumas, se coloca la cresta, se estira muy estirada y canta con todas sus fuerzas:
-¡COCOROCÓOOO! ¡COCOROCÓOOO!

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