El globo rojo


A Hugo le encantaba su globo rojo.
Un globo rojo, muy grande y atado a un largo, larguísimo cordel azul.
Se lo había comprado su padre un domingo en el parque de atracciones y, desde entonces, no se había separado de él.
Hugo iba con su globo rojo a todas partes: al parque, al cole, a la ducha, a la cama... Le pintaba caras, le ponía gorros y, una vez, hasta le puso una peluca.
Si estaba triste le contaba sus penas.
Y si estaba alegre le contaba sus alegrías.
Algunos niños tienen amigos invisibles, otros un peluche y Hugo tenía su precioso globo rojo.
Pero un día el viento se fijó en aquel brillante globo de color rojo y le gustó.
Tanto le gustó que decidió que lo quería para él.
Y, en un descuido de Hugo, el viento intentó quitarle su globo.
Pero Hugo lo tenía bien sujeto y no pudo.
El viento entonces sopló más fuerte, mucho más fuerte. Pero Hugo lo tenía bien abrazado y, al intentar elevar el globo, Hugo se elevó con él.
-¡Suelta el globo! -le dijo el viento.

El viento zarandeó el globo pero Hugo no se soltaba.

-¡Quiero ese globo! -volvió a decir el viento.
-¡Es mío! -gritó Hugo sin soltarlo.
Así estuvieron mucho rato.
El viento agitando el globo, de aquí para allá, de arriba para abajo, a un lado y a otro y Hugo abrazado al globo, bien fuerte, para que no se le escapara... Y para no caerse.
Hasta que, cansado, el viento dejó de soplar.
Y el niño, agotado, se tiró en el suelo... sin soltar el globo.
-¿Por qué quieres quitarme mi globo? -dijo el niño desde el suelo.
El viento sacudió las ramas y no contestó.
-¿Es porque es rojo? -siguió preguntando el niño desde el suelo.
El viento agitó las flores y no contestó.
-¿Es porque bonito verlo flotar? -insistió el niño desde el suelo.
El viento jugó con la hierba y no contestó.
-Bueno, como no respondes, yo mejor me voy -dijo el niño desde el suelo-, y me llevo mi globo.
Y entonces, el viento, sopló sobre ramas, flores, hierba, niño y globo. 


-¡No! ¡No te vayas! -dijo el viento desde el cielo.
El niño se quedó muy quieto, agarrando muy fuerte su precioso globo rojo.
-¿Vas a responder? -preguntó- ¿Por qué me quieres quitar el globo?
Y el viento, suspirando tan fuerte que estuvo a punto de hacer caer a Hugo, respondió:
-Porque estoy muy solo y muy aburrido. Pensé que ese globo rojo tan bonito me podría hacer compañía.
Y se quedó muy quieto.
Hugo, sentado en el suelo, miró su precioso globo rojo y se quedó pensativo durante un rato.
Entonces se levantó, alargó los brazos y soltó el globo.
-Toma -dijo al viento-. Te lo regalo.
El viento agitó el pelo de Hugo:
-¿Para mí? -preguntó.
-Sí, para ti -respondió Hugo.
El viento sopló en la oreja derecha de Hugo:
-¿Para mí, de verdad?
-Sí, para ti, de verdad -respondió Hugo.



El viento giró alrededor de Hugo:
-¿Para mí, de verdad, de verdad, de la buena?
-Sí, para ti, de verdad, de verdad, de la buena -respondió Hugo.
Entonces, el viento, atrapó el globo rojo y se puso a bailar con él, girando y girando sin parar.
-Bueno -dijo Hugo-, yo mejor me voy a casa.
Y comenzó a alejarse, un poco alegre y otro poco triste.
-¡Espera! -le dijo el viento- Verás.. había pensado que podríamos jugar juntos de vez en cuando. El globo, tú y yo...
Hugo sonrió y dijo:
-Podríamos... Y también podríamos ser amigos... Si tú quieres.
-¡Claro que quiero! -respondió el viento, lanzándole el globo a Hugo.
Y, desde aquel día, Hugo, el viento y el precioso globo rojo se han vuelto unos amigos inseparables y juegan juntos todas las tardes.

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