Vayacalor y Menudalluvia


En el país de Vayacalor siempre, siempre, lucía el sol. Los habitantes de este pequeño país sólo conocían la lluvia y el frío por lo que contaban en la televisión y por los viajes que algunos hacían al vecino país de Menudalluvia... y estaban hartos de sol, hartos de calor,  hartos de que el tiempo no cambiara nunca.
En el país de Menudalluvia, en cambio, el cielo siempre era gris y llovía a diario: antes de desayunar, entre el almuerzo y la comida, después de la merienda y a la hora de cenar. Los habitantes de este país sólo conocían el sol por lo que contaban en la televisión y por los viajes que algunos hacían al vecino país de Vayacalor... y estaban hartos de nubes, hartos de lluvia, hartos de que el tiempo no cambiara nunca.

Cierto día los habitantes de Vayacalor decidieron reunirse para buscar una solución al asunto del clima y, durante varios días, estuvieron pensando sin parar. Cuando ya estaban a punto de rendirse, a alguien se le ocurrió proponer a los habitantes de Menudalluvia un cambio de países. A
otro alguien le pareció una idea genial y se lo contó a alguien más. Y de alguien en alguien, la idea corrió por todo el país, cruzó la frontera y llegó al país de Menudalluvia donde sus habitantes también estaban reunidos buscando una solución al asunto del clima. A todos les parecía una idea tan fantástica enseguida se pusieron de acuerdo y, sin más, decidieron intercambiarse los países. Así que, en un pispas, los habitantes de Vayacalor se mudaron a Menudalluvia y los de Menudalluvia se fueron a Vayacalor y todos tan contentos.

Pero ocurrió que, pasado un tiempo, los antiguos habitantes de Menudalluvia estaban hartos del sol y los antiguos habitantes de Vayacalor estaban hartos de la lluvia... y todo comenzó de nuevo: se hizo otra reunión, se tuvo la misma idea y, en pocos días, se habían vuelto a mudar todos otra vez... Y así estuvieron durante un tiempo yendo de un país al otro, y del otro al uno, sin estar nunca contentos del todo.

Entonces, otro cierto día, se le ocurrió a alguien -un alguien pequeñito porque estas cosas, no sé por qué, siempre se le ocurren a alguien pequeñito- que quizás, tal vez, posiblemente, lo mejor sería que los habitantes de Vayacalor hablaran con el sol y le pidieran que, durante unos meses al año, se fuera de vacaciones a Menudalluvia y que los habitantes de Menudalluvia hablaran con la lluvia y le pidieran que, durante unos meses, se fuera de vacaciones a Vayacalor.
Y ese mismo alguien pequeñito de Vayacalor fue a hablar con el sol.
Y otro alguien pequeñito de Menudalluvia fue a hablar con la lluvia.
Y tanto el sol como la lluvia se mostraron, más que encantados, encantadísimos porque ellos también se aburrían de ver todo el año las mismas caras y las mismas casas.

Desde entonces los habitantes de Vayacalor y Menudalluvia no han vuelto a quejarse. El único problema era que, con tanto cambio, ya no estaban seguros de en qué país vivían... pero esa historia mejor la dejamos para otro cuento.

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