El hombre del saco
anda cabizbajo,
más triste que un ajo,
ya lleva así un rato.
En verdad ya son años
que anda tristón,
él nunca ha hecho daño
ni a un ratón.
Pero todos le temen,
a todos asusta
y eso no le gusta.
Esas historias
que cuenta la gente
son todo mentiras,
todo el mundo miente.
El hombre del saco
suspira muy fuerte
y dice al de enfrente:
—Dicen que mi saco
va todo vacío,
para llenarlo de niños,
de niños malos
y hasta alguno bueno.
¡Mentira cochina!
¡Mentira podrida!
Lo llevo bien lleno
de dulces y golosinas.
Dicen que soy feo,
que doy mucho miedo.
¡Mentira cochina!
¡Mentira podrida!
Hombre, no soy guapo,
pero feo, feo tampoco me veo.
Si un niño come poco,
dice su mamá:
—Mira que el hombre del saco
se te va a llevar.
¡Mentira cochina!
¡Mentira podrida!
¿A mí que me importa
si comen mucho o poco
si no les gusta el guiso
y prefieren las tortas?
Y si no obedece,
dice su papá;
—Mira que el hombre del saco
se te va a llevar.
¡Mentira cochina!
¡Mentira podrida!
¿A mí qué me importa
quién desobedece,
o que un niño
se mantenga en sus trece?
Dicen que me paso
el día de paseo,
que por las noches
por la calle merodeo,
a ver cuánto niño
en el saco me llevo.
¡Mentira cochina!
¡Mentira podrida!
Por el día trabajo,
arreglo mi saco,
sólo paseo lo justo y necesario.
Y durante la noche,
ya me dirás,
si no se ve nada,
¿qué voy a vigilar?
Me quedo en casita,
viendo una serie,
leyendo un libro
haciendo la cena
y durmiendo en mi camita.
El hombre del saco
mira al de enfrente,
suspira muy fuerte
y se va cabizbajo,
más triste que un ajo.


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